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Última actualización: 4/01/2024

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   - Bendición: Jueves de 18:15 a 18:25

El Padre Pío y la Santa Misa

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Padre Pio

Hoy, 23 de septiembre, celebramos la entrada en la eternidad de San Pío de Pietrelcina. Su testimonio sacerdotal aún sigue motivando a los fieles, especialmente a los sacerdotes, para que no dejemos de ser fieles hasta el fin, yendo como el ciervo a las fuentes de agua viva, que saltan hasta la vida eterna.

El Padre Pío nos enseña la fidelidad a las pequeñas cosas, y a vivir de lo sobrenatural. Por esto nada mejor que volver a repasar su visión (que es la del mismo Dios), acerca de los sacramentos, en particular de la Santa Misa, y de las disposiciones que deben tener aquellos que la celebran, es decir, los sacerdotes.

Reproduzco, por esto mismo, una entrevista que le hiciera un hijo espiritual suyo, acerca de la renovación del sacrificio de la Cruz, publicada en “Así habló el Padre Pío” («Cosí parlò Padre Pio», San Giovanni Rotondo, Foggia, Italia).

«Padre, ¿ama el Señor el Sacrificio?

Sí, porque con él regenera el mundo.

¿Cuánta gloria le da la Misa a Dios?

Una gloria infinita.

¿Qué debemos hacer durante la Santa Misa?

Compadecernos y amar.

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Cuentos con moraleja: "¿Escucha Dios nuestras oraciones?"

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hombre rezando

Un joven fue a una reunión bíblica en la casa de un matrimonio amigo. El matrimonio dividió el estudio entre oír a Dios y obedecer la palabra del Señor. El joven solo quería saber si Dios aún hablaba con las personas y escuchaba sus oraciones.

Después de la reunión, se fue a tomar un café con los amigos. Eran aproximadamente las 10 de la noche cuando el joven se despidió de sus amigos y se dirigió a su casa.

Ya en su coche, comenzó a pedir:

—Señor Si aún hablas con las personas, habla conmigo. Yo te escucharé. Haré todo lo que me digas.

Mientras conducía por la avenida principal de la ciudad, tuvo un pensamiento muy extraño, como si una voz hablase dentro de su cabeza:

—¡Para y compra un litro de leche!

 Movió su cabeza y dijo en voz alta:

—¿Eres tu Señor?

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Cuentos con moraleja: "Si sigues estos consejos heredarás un reino"

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beggar

Érase una vez un reino que estaba regido por un rey muy cristiano y con fama de santidad pero que no tenía hijos. El monarca envió a sus heraldos a colocar un anuncio en todos los pueblos y aldeas de sus dominios.

Cualquier joven que reuniera los requisitos exigidos, para aspirar a ser posible sucesor al trono, debería solicitar una entrevista con el Rey. A todo candidato se le exigían dos requisitos imprescindibles: Amar a Dios y demostrar con hechos que amaba a su prójimo.

En una aldea muy lejana, un joven leyó el anuncio real y creyó que él cumplía los requisitos, pues amaba a Dios y también a sus vecinos. Una sola cosa le impedía ir. Era tan pobre que no contaba con vestimentas dignas para presentarse ante el santo monarca, ni tenía dinero para hacer tan largo viaje.

Trabajó de día y noche. Ahorró todo lo que pudo, y cuando tuvo una cantidad suficiente para el viaje, vendió sus pertenencias, compró ropas finas, algunas joyas y emprendió el viaje.

Algunas semanas después, habiendo agotado casi todo su dinero y estando a las puertas de la ciudad donde vivía el gran rey se encontró con un pobre pidiendo limosna. Aquél pobre hombre tiritaba de frío, cubierto sólo por harapos. Sus brazos extendidos rogaban auxilio. Imploró con una débil y ronca voz:

—Estoy hambriento y tengo frío. ¡Por favor ayúdame!

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Cuentos con moraleja: "Jesús está a la puerta"

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jesuspuerta

Esta es la breve historia de un pintor que empezaba a ser conocido por sus creaciones singulares, todas ellas llenas de un profundo mensaje. Después haber pintado como una docena de cuadros llegó el día de su primera exhibición pública. El periódico local había hecho mucha publicidad con el fin de que todo el pueblo acudiera a la cita en la galería.

El día de la presentación al público asistieron las autoridades locales, fotógrafos, periodistas y mucha gente para contemplar las pinturas. Todas estaban a la vista; todas menos una que permanecía cubierta con un paño, pues se suponía que era un regalo que el pintor iba a hacer a la ciudad. Llegado el momento, se reunieron todos en la sala central de la galería donde se encontraba el cuadro, y el director de la galería, después de hacer las introducciones pertinentes llamó al alcalde para que tirara del paño que cubría el cuadro.

Una vez descubierto el cuadro hubo un caluroso aplauso. Era una impresionante figura de Jesús tocando suavemente la puerta de una casa. Jesús parecía vivo. Con el oído junto a la puerta, parecía querer oír si dentro de la casa alguien le respondía. Todos admiraron aquella preciosa obra de arte.

De repente una curiosa niña observó lo que ella creyó ser un error en el cuadro: la puerta no tenía cerradura.

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Cuentos con moraleja: "A Dios rogando y con el mazo dando"

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joven pidiendo

Un día un hombre joven decidió poner a prueba la providencia del Señor. En muchas ocasiones había oído decir al sacerdote de su parroquia que Dios era un Padre bondadoso que se ocupaba de todas sus criaturas. El hombre quería saber si también se ocuparía de él y le mandaría lo que cada día necesitara.

Una buena mañana decidió internarse en un bosque solitario que había a pocos kilómetros de su casa para esperar allí que Dios le enviara su sustento diario. Pasó una mañana, y no consiguió nada para comer, se internó más aún en el bosque, y se acostó en un claro. Revoloteando por el suelo se encontró a una paloma malherida por el tiro de un furtivo cazador. Tenía una pata rota y un ala quebrada. No podía volar ni caminar y como consecuencia no podía valerse por sí misma para encontrar el sustento. En esas condiciones no le quedaba otra posibilidad que la de morir de hambre, a menos que la providencia de Dios la ayudara. Nuestro amigo se quedó mirándola, en espera de ver lo que sucedía.

Unas horas más tarde vio acercarse un águila grande que traía entre sus garras un trozo de pan. Sobrevoló rápidamente la paloma y le arrojó la comida, como para que no tuviera más trabajo que comérsela. Realmente, el hecho demostraba que Dios se ocupaba de sus pobres criaturas; y hasta se había interesado de esta pobre paloma malherida. Por lo tanto no había nada que temer. Seguramente a él también le enviaría por intermedio de alguien lo que necesitaba para vivir. Y se quedó esperando todo el día con una gran fe en la providencia.

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Cuentos con moraleja: "Una vez fuimos agua cristalina"

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aguas cristalinas 3

Era una vez una gota de agua que sintió de pronto la llamada de ir al mar, y hacia él se fue apresurada y transparente. Por el cauce del riachuelo corría cantarina. Todo lo alegraba con su presencia: las riberas florecían a su paso, los bosques reverdecían, los pájaros cantaban. Y hacia el mar corría blanca y contenta.

Pero un día se cansó de caminar por el cauce estrecho del arroyo. Al saltar sobre la presa de un molino, divisó horizontes de tierra y en tierra quiso convertirse. Aprovechando el desagüe de una acequia, se salió de madre y se estacionó.

Inesperadamente se sintió prisionera de la tierra, convertida en charco sucio, maloliente, tibio: repugnantes animalillos crecieron en su seno y el sol dejó de reflejarse en ella.

Pasó una tarde un peregrino; se detuvo ante el charco y, sentencioso, exclamó:

—¡Pobre gotita de agua! ¡Ibas para mar y te quedaste en charco!

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Cuentos con moraleja: "¡Aguanta un poco más!"

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alfarero 2

Se cuenta que una vez, en Inglaterra, había una pareja que gustaba de visitar las pequeñas tiendas del centro de Londres. Una de sus tiendas favoritas era una en donde vendían vajillas antiguas. En una de sus visitas a la tienda vieron una hermosa tacita.

¿Me permite ver esa taza?, preguntó la señora, nunca he visto nada tan fino como eso!

En cuanto tuvo en sus manos la taza, escuchó que la tacita comenzó a hablar. La tacita le comentó:

—¡Usted no entiende! Yo no siempre he sido esta taza que usted está sosteniendo. Hace mucho tiempo yo sólo era un montón de barro. Mi creador me tomó entre sus manos y me apretó y me moldeó cariñosamente. Llegó un momento en que me desesperé y le grité: ¡Por favor, déjame en Paz! Pero sólo me sonrió y me dijo: “aguanta un poco más, todavía no es tiempo”.

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Cuentos con moraleja: "¡Corta la cuerda! Dios te lo pide"

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rapel3

Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar el Aconcagua inició su ascenso después de años de preparación, pero queriendo la gloria para él solo subió sin compañeros. Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y más tarde. Nervioso e inquieto por llegar a la cima cuanto antes, no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo. Mucho antes de haber llegado a lo más alto, el sol se ocultó y pocos minutos después se hizo completamente de noche. Ya no se podía ver absolutamente nada. Todo era negro, no había luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes.

Subiendo por un acantilado, a sólo cien metros de la cima, se resbaló y se desplomó por los aires… caía a una velocidad vertiginosa, sólo podía ver veloces manchas más oscuras que pasaban en la misma oscuridad y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad.

Seguía cayendo… y en esos instantes, pasaron por su mente todos los momentos de la vida. Él pensaba que iba a morir, sin embargo, de repente sintió un tirón muy fuerte que casi lo parte en dos… Sí, como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura.

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Cuentos con moraleja: "Salvado por tres ducados"

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portresducados.jpg

En los primeros días del año 1200 una carroza real tirada por seis caballos blancos y rodeada de una nutrida escolta de caballeros, partía de la corte real de Valladolid con dirección a Francia. En el interior viajaba la infanta Dª Blanca de Castilla hija del Rey Alfonso VIII y prometida del Rey de Francia Luis VIII.

En la frontera le esperaba su prometido; y juntos se dirigieron a Paris. Al pasar por Toulouse dieron con la Plaza principal de la Villa donde iban a ajusticiar a un criminal. Lo acompañaban los jueces y el verdugo, en medio de la gran multitud atraída por la curiosidad que ese género de acontecimientos siempre despierta

Llegando frente a la horca, la reina vio al infeliz condenado ya con la cuerda al cuello. No pudo contener un grito y escondió el rostro entre las manos. El rey, entonces, se detuvo e hizo un gesto al verdugo para que esperase. Y dirigiéndose a los jueces, dijo:

—Señores magistrados, como señal de bienvenida la reina os pide que sea de vuestro agrado conceder a este hombre el perdón.

Esta intervención del rey fue recibida por unos con alegría y por otros con sorpresa. Pero los jueces respondieron:

—Majestad, este hombre cometió un gran crimen para el que no hay perdón, y aunque nuestro deseo sería agradar a nuestra señora la reina, estamos maniatados por la ley que exige que sea ahorcado inmediatamente.

—¿Existe en el mundo una falta que no puede ser perdonada? -preguntó tímidamente la reina.

—Ciertamente que no —respondió un consejero del rey.

Y recordó que según la costumbre del país cualquier condenado, por peor que fuera su crimen, podría ser rescatado con la suma de 1.000 ducados.

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"Ante Dios, ¡siempre de rodillas!"

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rezando de rodillas

Una de las enfermedades que más rápidamente se contagia es la gripe, aunque hay otra enfermedad, que no es precisamente del cuerpo sino del alma, que se propaga más rápidamente todavía: no ponerse de rodillas ante Dios. No arrodillarse en la Iglesia durante la Consagración o cuando se va a recibir el Cuerpo de Cristo o cuando uno está ante la presencia de Jesús Sacramentado, hace más daño al hombre que un cáncer terminal.

Hasta hace cuarenta años, la gran mayoría de las personas que asistían a Misa se arrodillaban en el momento de la Consagración y para recibir al Señor en la Comunión. En la actualidad, al menos en mis parroquias, tengo que estar recordándolo continuamente; y a pesar de ello no se arrodillan porque piensan que es un signo de humillación.

Recuerdo que un día, acabada la Misa se me acercó un “transeúnte” y me dijo:

— Ustedes los curas antiguos exigen cosas que ya no se llevan. Con razón tiene usted la iglesia vacía. Y luego añadió:

—Dios ha dicho: “ya no os llamó siervos sino amigos”; y uno no se arrodilla ante un amigo.

A lo que yo le respondí:

—Pero ese amigo del que usted habla es también Dios, y a Dios se le debe culto de adoración. O dicho de otro modo: debemos arrodillarnos ante su presencia. Salvo imposibilidad física, por enfermedad o por edad avanzada, todos debemos arrodillarnos ante Cristo realmente presente en la Eucaristía. Si no lo hacemos eso es señal de falta de fe.

El hombre se marchó. Sé que no le convencí; pero al menos le di razones para pensar.

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Cuentos con moraleja: "No perdamos la oportunidad de hacer el bien"

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Un hombre cogía cada día el autobús para ir al trabajo. Una parada después, una anciana subía también cada día al autobús con su perrito, y se sentaba en el lado de la ventana un asiento por delante de él.

La anciana abría una bolsa y durante todo el trayecto, iba tirando algo por la ventana. Siempre hacía lo mismo y un día, intrigado, el hombre le preguntó qué era lo que tiraba por la ventana.

- ¡Son semillas! - le dijo la anciana.

- ¿Semillas? ¿Semillas de qué?

- De flores Es que miro afuera y está todo tan vacío… Me gustaría poder viajar viendo flores durante todo el camino. ¿Verdad que sería bonito?

- Pero…Tardarán en crecer, necesitarán agua…

- Yo hago lo que puedo. ¡Ya vendrán los días de lluvia!

El hombre se despidió de la anciana y bajó del autobús para ir a su trabajo. No pudo quitarse de la mente que la anciana había perdido un poco la cabeza.

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