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Última actualización: 4/01/2024

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- Adoración: Martes de 8:00 a 18:15

   - Bendición: Martes de 18:15 a 18:25  

- Adoración: Jueves de 8:00 a 18:15

   - Bendición: Jueves de 18:15 a 18:25

Cuentos con moraleja: "El ejemplo de Santa Isabel de Hungría"

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niñospobresbolivia

Santa Isabel de Hungría (1207-1231) siendo casi niña se casó con Luis, landgrave de Turingia, a quien dio tres hijos, y al quedar viuda, después de sufrir muchas calamidades y siempre inclinada a la meditación de las cosas celestiales, se retiró a Marburgo, en la actual Alemania, en un hospital que ella misma había fundado, donde, abrazándose a la pobreza, se dedicó al cuidado de los enfermos y de los pobres hasta el último suspiro de su vida.

A los cuatro años había sido prometida en matrimonio, se casó a los catorce, fue madre a los quince y enviudó a los veinte. Isabel, princesa de Hungría y duquesa de Turingia, concluyó su vida terrena a los 24 años de edad. Cuatro años después el Papa Gregorio IX la elevaba a los altares.

Vistas así, a vuelo de pájaro, las etapas de su vida parecen una fábula, pero si miramos más allá, descubrimos en esta santa las auténticas maravillas de la gracia y de las virtudes.

Su padre, el rey Andrés II de Hungría, primo del emperador de Alemania, la había prometido por esposa a Luis, hijo de los duques de Turingia, cuando sólo tenía 11 años. A pesar de que el matrimonio fue arreglado por los padres, fue un matrimonio vivido en el amor y una feliz conjunción entre la ascética cristiana y la felicidad humana, entre la diadema real y la aureola de santidad. La joven duquesa, con su austeridad característica, despertando el enojo de la suegra y de la cuñada al no querer acudir a la Iglesia adornada con los preciosos collares de su rango:

—“¿Cómo podría—dijo cándidamente—llevar una corona tan preciosa ante un Rey coronado de espinas?”

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Cuentos con moraleja: "El buen pastor"

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AI final de una cena en un castillo inglés, un famoso actor de teatro entretenía a los huéspedes declamando textos de Shakespeare.

Luego se ofreció a que Ie pidieran algún “bis”. Un sacerdote muy tímido preguntó al actor si conocía el salmo 22. EI actor respondió:

Sí, lo conozco y estoy dispuesto a recitarlo sólo con una condición: que después también lo recite usted.

EI sacerdote se sintió un poco incómodo pero accedió a la propuesta. EI actor hizo una bellísima interpretación, con una dicción perfecta, de “EI Señor es mi pastor, nada me falta… “ Los huéspedes aplaudieron vivamente.

Llegó el turno del sacerdote, que se levantó y recitó las mismas palabras del salmo 22. Esta vez, cuando terminó, no hubo aplausos, sólo un profundo silencio y lágrimas en algún rostro.

EI actor se mantuvo en silencio unos instantes, luego se levantó y dijo:

Señoras y Señores, espero que se hayan dado cuenta de lo que ha ocurrido aquí esta noche. Yo conozco el Salmo, pero este hombre conoce al Pastor.

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Cuentos con moraleja: "¡Gracias por ser parte de mi hoguera!"

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Un hombre, que regularmente asistía a las reuniones religiosas con sus amigos, sin ningún aviso dejó de participar en sus actividades. Después de algunas semanas, una noche muy fría de invierno, el líder de aquel grupo de amigos decidió ir a visitarlo.

Encontró al hombre en su casa solo, sentado frente a una chimenea donde ardía un fuego brillante y acogedor.

Adivinando la razón de la visita, el hombre dio la bienvenida al líder, y después, se hizo un gran silencio. Los dos hombres sólo contemplaban la danza de las llamas en torno a los troncos de leña que crepitaban en la chimenea.

Al cabo de algunos minutos el líder, sin decir palabra, examinó las brasas que se formaban en la lumbre y seleccionó una de ellas, la más incandescente de todas, y la separó de las demás con unas tenazas. Hecho esto, volvió a sentarse.

El anfitrión prestaba atención a todo fascinado pero inquieto. Al poco rato, la llama de la brasa solitaria disminuyó, hasta que se apagó por completo. En poco tiempo, lo que había sido una muestra de luz y de calor, no era más que un negro, frío y muerto pedazo de carbón.

Muy pocas palabras habían sido dichas desde el saludo inicial.

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Entronización de los corazones de Jesús y María

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corazon de jesus y maria 

BENDICIÓN

 

 (Si la imagen ya está bendita se pasa directamente a la Entronización)

 

Se ben­decirá la imagen, diciendo:
-Nuestro auxilio es en  el nombre del Señor.
–Que hizo el cielo y la Tierra.
-El Señor sea con vosotros.
-Y con tu espíritu

OREMOS

Omnipotente y sempi­terno Dios, que no reprue­bas el que se pinten las imágenes (o se esculpan las estatuas) de tus santos, a fin de que cuantas veces las veamos con los ojos de nuestro cuerpo, otras tan­tas veces nos determinemos a imitar los ejemplos de su santidad: te rogamos que te dignes bendecir ( +) y santificar esta Imagen (o estatua) hecha en honor y memoria de los amantísimos Sagrados Corazones de Jesús y de María, concédenos que cuantos ante ella procu­remos honrar y consolarlos, obtengamos por sus méritos infinitos e intercesión, las gracias en la vida presente y la gloria en la Eterna. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

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Cuentos con moraleja: "Estar siempre preparados"

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Debemos estar preparados en todo momento, no con miedo, sino con la confianza que nos da el amor. Cuando esperamos la llegada de alguien a quien amamos, nos preparamos para recibirle y procuramos tener a punto todo cuanto necesita para que esté a gusto entre nosotros.

Un famoso escritor italiano relataba en su diario de viajes:

Llegué a Villa Areconati, junto al lago de Como, una joya de los Alpes italianos. Un jardinero me abrió la pesada puerta de hierro y me condujo a través del admirable jardín de la mansión. Mientras caminábamos por aquel hermoso parque, se desarrolló la siguiente conversación:

¿Cuánto tiempo hace que está usted aquí?

Veinticinco años.

¿Y cuántas veces ha visitado su amo esta propiedad?

Unas cuatro veces, si mal no recuerdo.

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Cuentos con moraleja: "El sacrificio de Kimba"

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manada de elefantes

Kimba era uno de los elefantes más grandes que había en el Serengeti (Tanzania). Como era el más sabio y el más fuerte, todos lo habían elegido como jefe de la manada.

Kimba siempre estaba atento a cualquier peligro que pudiera aparecer. Conducía la manada a los mejores prados, donde estaban las hierbas más jugosas y las ramas más tiernas. Cuando hacía mucho calor, los llevaba a las mejores charcas de agua y allí bebían y se bañaban llenos de gozo y parsimonia.

Por la noche, era Kimba el que hacía la guardia para que todos pudieran dormir con seguridad. Si surgía algún problema, todos miraban a Kimba; y su serenidad daba tranquilidad a toda la manada. Aunque a decir verdad, había un peligro que a todos aterrorizaba: el hombre blanco. Si algún día llegaban a descubrirles, no dudarían en matarlos para arrancarles sus valiosos colmillos de marfil.

Kimba, día y noche, no dejaba de vigilar. Y siempre que olía la presencia del hombre blanco, conducía la manada a lugar seguro.

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Cuentos con moraleja: "La última golondrina"

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Una golondrina llegó tarde a la cita otoñal. Sus hermanas ya habían partido buscando un clima más templado. ¿Qué hacer? Se lanzó al mar ella sola. El sol brillaba con fuerza. No se divisaba ninguna nave donde poder descansar por unos minutos..

Después de varias horas le faltó el ánimo y decidió dejarse caer al agua y así morir.

En ese momento vio otra golondrina que planeaba casi a ras de mar en su misma dirección. Se alegró y, sacando fuerzas de flaqueza luchó para no caer muerta.

Cada vez que se sentía cansada, miraba a su fiel compañera, que la seguía en toda su evolución, y de esta manera volaba con más fuerza.

Llegó la noche y la golondrina amiga desapareció, pero la meta estaba ya muy cercana.

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Cuentos con moraleja: "El amor de la tía Purita"

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familia

Hace años conocí a una mujer muy especial: “la tía Purita”. Era una mujer enormemente sacrificada y alegre. Siempre tenía la sonrisa en la boca, y parecía que no tenía que hacer ningún esfuerzo, cuando de ayudar a los demás se trataba.

Recuerdo que hacía pocos años se había hecho cargo de cinco niños pequeños y del padre de éstos, que era al mismo tiempo su cuñado, cuando una leucemia arrebató a la joven madre y esposa.

Entonces la tía Purita, que estudiaba el último año de medicina y tenía un novio con el que estaba a punto de casarse, abandonó todo para encargarse de aquella patulea y de su cuñado desarbolado por la situación. Dejó su vida, dejó su futuro, puso de lado su amor, y se entregó a otro amor menos personal y más sacrificado.

Recuerdo que había en aquella mujer algo que me desconcertaba; una extraña mezcla de cariño y distancia. Se volcaba en atender a sus sobrinos, pero guardaba siempre una especie de distancia, que hacía que se la amase siempre con “reparos”. Para muchos del pueblo pasó a ser una solterona con buen corazón.

Tuvieron que pasar muchos años y tuve que ser yo ya sacerdote para que un día me confesase que era sincera a la hora de querer y hacía de actriz al mantener la distancia. Porque -me explicó ella:

—Una tía debe suplir a una madre pero nunca sustituirla.

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Cuentos con moraleja: "La semilla más pequeña"

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Eran los tiempos de nuestro Señor Jesucristo. Un labrador sudoroso, tomó un puñado de semillas y las arrojó a los surcos de su campo. Los granos de trigo ocuparon sus lugares, conscientes de su importancia para los hombres. Pero entre ellos se había infiltrado un diminuto grano oscuro.

—¡Quítate de aquí, enano!— le gritó una semilla de trigo sobre la que había caído el grano negro.

Y una carcajada recorrió los campos que con el tiempo se convertirían en verdes trigales. Se burlaron de su pequeñez las amapolas y las hierbas que comenzaron a crecer junto a los granos de trigo. Y hasta se cruzaron apuestas sobre la altura que alcanzaría tan pequeña semilla… ¡tan pequeña era! Y un rastrojo de la anterior siembra juró que nunca había visto nada más pequeño y que no serviría para nada; es más, estropearía la belleza de los trigales.

La pobre semilla negra no se amilanó por las burlas. Había nacido para dar fruto, para transformarse y convertirse en algo valioso: no sabía en qué y para quién; pero debía cumplir su cometido. Y como para empezar no necesitaba demasiado espacio, se acurrucó en un pedacito de tierra. Pronto echó raíces. Aquel era un buen suelo, bien nutrido y húmedo.

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Cuentos con moraleja: "Mi Primera Comunión"

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Pedro era un niño católico de la Misión de Laguna Verde en Paraguay. En su aldea no había escuela católica por lo que tenía que ir andando todos los días a la escuela de un poblado vecino que distaba unos siete kilómetros de su casa. A él no le gustaba mucho ir, pues su maestro era un incrédulo que se esforzaba en arrancar la fe a los alumnos.

Una mañana, al pasar Pedro el puente que atraviesa el río que corre a las afueras de la aldea, percibió que las aguas habían subido debido a las últimas lluvias, lo que hacía presagiar una crecida repentina. Media hora más tarde llegó a la escuela.

Alrededor de las cuatro, terminadas las clases, Pedro volvió a su casa. Al atravesar el puente, vio que las aguas habían subido mucho más. Se sentó a la orilla del puente para ver pasar el agua y se puso a pensar en lo sucedido aquella mañana en la escuela:

--¡Qué cosa más triste tener un alma como la de mi maestro! ¡Aborrecer a Dios y las cosas santas! Pediré a Dios que le perdone cuando haga mi Primera Comunión. Mucho tiempo hacía que aspiraba a recibir a Jesús por primera vez.

Y, absorto en estas reflexiones, pasó bastante tiempo. Cuando volvió en sí, vio con espanto que las aguas habían alcanzado la altura del puente, y asustado, se fue corriendo hacia su casa.

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Cuentos con moraleja: "Consumirse por Cristo"

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Érase una vez una pequeña vela que vivió feliz su infancia, hasta que cierto día le entró curiosidad en saber para qué servía ese hilito negro y finito que sobresalía de su cabeza. Una vela vieja le dijo que ese era su “cabo” y que servía para ser “encendida”.

—Ser “encendida” ¿qué significará eso? — Dijo la vela.

La vela vieja también le dijo que era mejor que nunca lo supiese, porque era algo muy doloroso.

Nuestra pequeña vela, aunque no entendía de qué se trataba, y aun cuando le habían advertido que era algo doloroso, comenzó a soñar con ser encendida. Pronto, este sueño se convirtió en una obsesión. Hasta que por fin un día se dejó encender. Y nuestra vela se sintió feliz por ser luz que vence a las tinieblas y le da seguridad a los corazones de los hombres.

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