Cuentos con moraleja: "Dios aprieta pero no ahoga"

Había un hombre muy rico que poseía muchos bienes, una gran estancia, mucho ganado, varios empleados, y un único hijo, su heredero.
Un día, el viejo padre, ya avanzado en edad, dijo a sus empleados que le construyeran un pequeño establo.
Dentro de él, el propio padre preparó una horca y, junto a ella, una placa con algo escrito: “Para que nunca desprecies las palabras de tu padre”.
Más tarde, llamó a su hijo, lo llevó hasta el establo y le dijo:
—¡Esta horca es para ti! Te conozco muy bien y sé que cuando yo falte dilapidarás toda la herencia viviendo malamente. Quiero que me prometas que, si sucede lo que yo te he dicho, no te suicidarás con veneno o disparándote un tiro sino que te ahorcarás en ella.










