templo

Foto 360 grados (click para ver)

sanantoniomc

Horarios

Última actualización: 4/01/2024

Cambios y últimas noticias aquí: Facebook  

Horario de Misas:

   Misas dominicales:

     - Sábado tarde: 18:30

     - Domingo: 8:00, 10:00, 12:00, 17:00, 18:30

   El resto de las Misas de la semana:

     - De lunes a viernes: 7:30 y 18:30

     - Sábado por la mañana: 7:30

Horario de confesiones:

   Media hora antes de cada Misa y durante la Misa

Horario especial de confesiones: Jueves

   7:00 a 9:00 y 17:00 a 19:30

Horarios de oficina:

   - De lunes a viernes: 9:00 a 12:30 y 15:00 a 18:00

   - Sábados: 9:00 a 12:30

Horario del Santísimo :

- Adoración: Martes de 8:00 a 18:15

   - Bendición: Martes de 18:15 a 18:25  

- Adoración: Jueves de 8:00 a 18:15

   - Bendición: Jueves de 18:15 a 18:25

Cuentos con moraleja: "El amor y el auténtico sacrificio"

Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado

luceros

Hace años, cuando yo era un adolescente y comenzaba a descubrir a Jesucristo, una de las cosas que me daban más gozo era la posibilidad de ofrecer sacrificios al Señor. Hasta que un día, hablando con mi director espiritual, me dijo que, aunque el sacrificio era muy importante, la caridad, era mucho más agradable a Dios. Para explicarme esta afirmación me contó la historia que yo ahora les transcribo.

Fray Primitivo era un simpático y fervoroso franciscano, que vivió al principio del s. XIII. Según cuentan las crónicas de Espoleto, llegó a conocer a San Francisco en persona; a quien amaba tiernamente y seguía con absoluta fidelidad.

Todas las mañanitas, acabada su labor en el jardín del convento, acostumbraba a salir a pedir por el campo y los pueblos de alrededor con su cesta en la mano: cuando le daban alguna cosa besaba la mano del donante alabando al Señor; cuando recibía una repulsa hacía lo mismo, pues sabía muy bien que tenía que imitar a su Señor.

Continuar leyendo

Imprimir Correo electrónico

Cuentos con moraleja: "El amor y el arrepentimiento"

Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado

amor y arrepentimiento

Había sido una Navidad fría, triste y solitaria para Manolo. Manolo andaba lentamente por las calles de la ciudad, sin rumbo y sin esperanza. De vez en cuando se detenía ante un cubo de basura para ver si encontraba algo que llevarse a la boca. A menudo miraba atrás por si alguien le seguía. Tenía miedo de todo, de encontrarse con algún conocido, con la policía o con algún ladrón. Se encontraba mal y tenía frío. Diciembre había sido muy duro, y la Navidad todavía peor. ¿Qué podía hacer? En el bolsillo no tenía ni un céntimo. Esta misma tarde había entrado en un restaurante para ofrecerse de lavaplatos a cambio de comida, pero cuando lo vieron con la ropa sucia y maloliente le dijeron que no lo necesitaban.

Manolo había llegado meses atrás a la ciudad con mucho dinero. Él era el menor de cinco hermanos. Sus padres y hermanos habían hecho el sacrificio de pagarle los estudios, pero él, en lugar de estudiar, había malgastado el dinero en… muchas cosas. Viéndose con tanto dinero, pensó que no se le acabaría nunca; por lo que lo gastaba sin control. En los primeros momentos, abundaron los amigos; pero cuando el dinero se gastó, desaparecieron como por arte de magia.

Cada día pensaba algún modo para conseguir dinero o comida. En medio de su desesperación, comenzó a acordarse de su casa, de sus padres y hermanos. ¡Qué felices deberían estar en su pueblo! Pero desde que salió de casa no se había puesto en contacto con sus padres; y lo que era peor, se había gastado todo el dinero que con tanto sacrificio le habían dado. ¿Lo recibirían de nuevo en casa si él se lo pedía?

Continuar leyendo

Imprimir Correo electrónico

Cuentos con moraleja: "Por sus obras les conoceréis"

Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado

familia judia

Sofía Berdanska era una jovencita polaca de 18 años que acababa de perder a su padre. Pronto comprendió que debía trabajar para ayudar a mantener a su madre, bastante delicada de salud, y a su hermano pequeño. A pesar de su corta edad, decidió colocarse como institutriz en alguna casa de gente pudiente. Buscó una carta de recomendación y fue a visitar a varias familias católicas; pero en ninguna le aceptaron, no tanto porque no la necesitaran sino más bien porque, debido a la crisis económica, todos trataban de reducir gastos. A Sofía se le encogía el corazón cuando pensaba que su madre y su hermano estaban muertos de hambre y de frío en casa. Sofía no cesaba de pedir a Dios y, al final, su oración fue escuchada.

Un buen día le hablaron de la familia Herstein; una familia muy bien acomodada con cuatro niños y que acababan de quedarse sin señorita de compañía. Allí se presentó Sofía y preguntó por Javiva Herstein, la señora de la casa. Después de los primeros saludos la señora le preguntó:

- Usted es, ¿usted no es judía?

Sofía fijó sus ojos en los de la señora y pronto advirtió, por aquellas facciones y aquel modo de hablar, que se encontraba ante una judía. Y entonces respondió con sinceridad:

           - No, señora. Soy polaca y católica.

Continuar leyendo

Imprimir Correo electrónico

Cuentos con moraleja: "El Niño Jesús se pasea en camioneta"

Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado

belenplastilina

Érase una vez una comunidad de religiosas clarisas que vivían en el convento de Santa María de Jesús de Ávila. La hermana sacristana, cinco días antes del comienzo de la Novena al Niño Dios, había subido a las falsas del convento para reunir las piezas y preparar el Nacimiento que todos los años ponían en su iglesia. Después de haber desempolvado, limpiado todas las imágenes y repintar un dedo que se le había descolorido al rey Melchor, colocó todas las estatuillas con el primor y delicadeza propios del mismo San Francisco de Asís o de su santa fundadora.

Este año tuvieron que comprar un nuevo Niño Jesús, pues el que tenían había perdido la pintura de tantos besos que recibía, al tiempo que le faltaban dos dedos de la mano izquierda y tenía un chichón en la cabeza. Parece ser, según cuentan, que Pedrito, el hijo pequeño del hombre de los recados del convento, habida cogido el Niño Jesús para darle un beso y se le cayó al suelo.

Una vez concluido el Belén, la hermana Francisca de la Trinidad, nuestra sacristana, llamó a la madre superiora para que diera su aprobación. La madre superiora quedó encantada con el Nacimiento, y de modo especial, con la belleza singular del nuevo Niño. Según dijeron, había sido un regalo de un feligrés que vivía en el pueblo y se había ido a Roma en peregrinación con el párroco y otros cuarenta miembros de la comunidad.

Las fiestas fueron pasando con parsimonia, aunque no tan lentas como les hubiera gustado a los niños de la escuela. Llegó el día de Reyes. Iba a comenzar la Santa Misa cuando la hermana Francisca, toda asustada, fue en busca de la madre superiora:

-          Madre. ¡El Niño Jesús no está en el Belén!

Continuar leyendo

Imprimir Correo electrónico

Cuentos con moraleja: "La tumba vacía: una bella historia"

Ratio: 0 / 5

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado

empty tomb

Don Jaime, un anciano párroco que vivía en un pueblo pequeño de Segovia, estaba un año más preparando a un grupo de niños para hacer la primera Comunión. A él le gustaba estar con los niños y hablarles de Jesús. A pesar de que muchas señoras devotas se habían ofrecido para ayudarle en la catequesis, él insistía en que era una función muy importante del sacerdote a la que no estaba dispuesto a renunciar.

A él le gustaba intercalar el aprendizaje de las oraciones como el Padrenuestro, el Acto de contrición, la Salve…, y las preguntas del catecismo de San Pio V, con bellos y sencillos relatos de la vida de Nuestro Señor Jesucristo.

Pero abandonemos estos prolegómenos para colarnos a escondidas en una de sus catequesis.

                -A ver, ¿quién sabe dónde nació Jesús?

                -En Belén – respondieron los niños a coro.

                -Y ¿dónde murió?

                -En el Calvario – volvieron a responder a una sola voz.

                -Pero lo que no sabéis es dónde está enterrado. Esta pregunta quiero que la penséis bien y la contestéis uno a uno.

Continuar leyendo

Imprimir Correo electrónico

Cuentos con moraleja: "Una segunda oportunidad"

Ratio: 0 / 5

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado

Jesús Nazareno

Hace ya muchos, pero que muchos años, un grupo de misioneros jesuitas desembarcó en las costas de Brasil y siguiendo el río Paraná se dirigieron hacia poblados del interior de Paraguay. Llegados a uno de ellos, se detuvieron durante varias semanas y comenzaron a predicar sobre la necesidad de conocer a Cristo y bautizarse para entrar en su Reino. Les hablaron de la existencia de un cielo y de un infierno, del pecado y de la virtud …

Estos bravos jesuitas lo hacían con tal convicción y alegría que muchos de los que los escuchaban se acercaban para convertirse y seguir a Cristo. Uno de ellos fue Arami, el joven indio que pasará ahora a ser el personaje principal de nuestra historia.

Arami pertenecía a una familia pobre y no tenía formación alguna. Al oír el mensaje de los misioneros quedó profundamente conmovido por las nuevas enseñanzas. Nunca había oído hablar con tanta claridad de misterios tan profundos. Nunca había escuchado a nadie decir que había existido en tiempos remotos un hombre que también era Dios y que había muerto para salvarnos a todos. Atraído por estas enseñanzas, aunque temeroso y avergonzado, se acercó a uno de los misioneros para ser bautizado y aprender más. Arami deseaba conocer más profundamente este personaje tan especial al que los misioneros llamaban indistintamente: Señor, Jesús, Cristo e incluso Maestro.

Un día le dijeron que si de verdad quería seguir a Cristo tenía que cargar con la cruz cada día. No entendiendo bien a qué cruz se referían, les preguntó lo que tenía que hacer para cargar esa cruz tan maravillosa que le ayudaría a alcanzar su Reino. Los misioneros le respondieron:

-          Lo mejor es que hables con Cristo y le pidas que te entregue tu cruz.

Continuar leyendo

Imprimir Correo electrónico

Cuentos con moraleja: "Los amigos son para siempre"

Ratio: 0 / 5

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado

telefonista

Hace unos días, uno de ustedes me mandaba esta preciosa historia que muy bien podría haber acontecido a principios del siglo XX. En ella se manifiesta el poder de la amistad y del amor cuando son auténticos. Historia que ahora les cuento tal como a mí me llegó.

Cuando yo era niño y vivía en un pequeño pueblo cerca de Seattle, mi padre tenía uno de los primeros teléfonos de nuestro vecindario. Recuerdo bien la vieja caja pulida clavada a la pared y el brillante auricular colgado en el lateral de la caja. Yo era demasiado pequeño para alcanzar el teléfono, pero solía escuchar con fascinación cuando mi madre hablaba por él.

Entonces descubrí que, en alguna parte dentro de ese maravilloso dispositivo, vivía una extraña persona; su nombre era "Información Por Favor" y no había nada que ella no supiese. "Información Por Favor" podía proporcionarte el nombre de cualquiera y la hora exacta.

Mi primera experiencia personal con este "genio de la lámpara" llegó un día mientras mi madre visitaba a un vecino. Divirtiéndome con el banco de herramientas del sótano, me aplasté el dedo con un martillo. El dolor era terrible, pero allí no parecía haber ninguna razón para llorar porque en casa no había nadie que me pudiese consolar. Caminé de un lado a otro por la casa chupando mi dedo palpitante y finalmente llegué a la escalera.

¡El teléfono! Rápidamente corrí a por el taburete en el recibidor y lo arrastré hasta el rellano de la escalera. Subiéndome a él, descolgué el receptor y lo mantuve junto a mi oreja.     

Continuar leyendo

Imprimir Correo electrónico

Cuentos con moraleja: "Todos le llamaban tonta"

Ratio: 0 / 5

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado

niña pidiendo

Cuando yo era niño y vivía en mi pueblo natal, recuerdo que un día vino a casa pidiendo limosna un hermano lego de la orden franciscana llamado Emilio. Yo, llamé a mi madre, ella le hizo pasar a casa y le ofreció abundante comida para tomar en ese momento y para llevar al convento; a lo que el hermano Emilio le respondió:

-          Muchas gracias señora, pero con que me dé un poco de pan y algo para poner dentro tengo suficiente.

Mi madre le quiso hacer recapacitar, pero él, a pesar del hambre que dejaba traslucir su enjuto rostro, se negaba a recibir más.

Yo, que por aquel entonces no tenía más de 9 años, me quedé extrañado y profundamente impresionado. El pobre hombre podría haber solucionado su problema de comida para varios días, pero prefirió llevarse sólo lo necesario para ese día.

Recuerdo que pocos meses después, los frailecitos que ocupaban ese convento abandonaron el pueblo; no sin antes dar las gracias a la comunidad y pedir perdón por irse. Cuando las gentes les preguntaron por qué se iban, ellos respondieron:

Continuar leyendo

Imprimir Correo electrónico

Cuentos con moraleja: "La verdad os hará libres"

Ratio: 0 / 5

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado

preso en la carcel

El cuento de hoy nos relata la historia de lo que ocurrió a principios del siglo XIV en el pequeño condado de Yorkshire (Escocia).

Cada año, con motivo de las fiestas del aniversario de su coronación como monarca, el rey Jorge, tenía la costumbre de liberar un prisionero. Este año, como se cumplían los 25 años de su coronación como monarca, decidió ir él mismo a la prisión para elegir al condenado que merecía ser liberado. Acompañado de su Primer Ministro y de toda la corte, una fría mañanita, cercanas ya las fiestas con motivo de su coronación, fueron a la cárcel para liberar al prisionero que resultara elegido.

Una vez que los presos habían desayunado, el rey se fue reuniendo con aquellos que, según las autoridades de la cárcel, habían tenido mejor comportamiento.

El primer preso entró en el despacho del director de prisión, ocupado ahora por el rey y su séquito y le dijo:

-        Majestad, soy inocente pues un enemigo de mi familia me acusó falsamente. Esa es la razón por la que estoy en la cárcel, pues cuando se hizo el juicio no pude contratar a ningún abogado famoso por falta de dinero.

Escuchado el primer reo, el alcaide dio paso al segundo:

-        A mí me confundieron con el asesino del hijo del zapatero, por lo que me metieron en la cárcel; pero yo le aseguro a su excelencia que nunca maté a nadie.

Poco después entró el tercero, quien también manifestaba que había sido acusado injustamente. Y así, todos y cada uno de los que hablaron, manifestaron al rey porqué razones merecían la gracia de ser liberados.

Al final, quedó un hombre en un rincón de la sala que no que no se atrevía a dirigirse al rey. En estas, el rey lo llamó y le preguntó:

-        ¿Y tú, por qué estás encarcelado?

Continuar leyendo

Imprimir Correo electrónico

Cuentos con moraleja: "Una difícil decisión"

Ratio: 0 / 5

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado

giant wave

Hace ya bastantes años me contaron una historia real que ocurrió a mitad del siglo pasado en un pueblecito costero de Pontevedra llamado Priegue. Su párroco, don Antonio, que era oriundo del pueblo, una vez ordenado sacerdote tomó posesión de la parroquia de San Mamede y en ella había permanecido por más de treinta y cinco años. Era un hombre afable y muy querido por todos. Había bautizado, dado la primera comunión, casado y bendecido los barcos, de la gran mayoría de los habitantes de ese pequeño y bellísimo pueblo pesquero.

Un domingo, acabando la Misa de 11 de la mañana, don Antonio anunció a los fieles que estaba con ellos su mejor amigo, Fabio. Fabio, era un señor muy mayor, originario de Priegue, pero que, por motivo de una tragedia familiar, se tuvo que ir a vivir a Brasil a finales de los 60. Los más viejos del pueblo lo recordaban como Fabio el brasileiro; pero desde que se fue, no había vuelto a poner los pies en España. Casi cuarenta años después, aprovechando un viaje para enterrar a su hermano menor que acababa de morir en Vigo, se acercó a su pueblo natal para saludar a algunos parientes que todavía estaban vivos. Cuando se enteró quién era el párroco vino a la Iglesia a saludarlo.

A pesar de la diferencia de edad que existía entre el don Antonio y Fabio, por razones que nadie sabía, según contó el mismo don Antonio, era el amigo que más quería en este mundo. El padre Antonio, invitó a todos a pasar al salón parroquial después de la Misa para tomarse un café y compartir con él.

Hechas las presentaciones por don Antonio, Fabio, miró con cariño a todos, y comenzó diciendo:

Continuar leyendo

Imprimir Correo electrónico

Cuentos con moraleja: "El esclavo"

Ratio: 0 / 5

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado

el pato de la abuela

Hace tiempo me contaron la historia de Peter, un niño de doce años que vivía en Cody (Wyoming). Durante el verano solía ir con su hermana Sandra, que era dos años menor que él, a visitar a sus abuelos en la granja que tenían a las afueras de Canyon Village, muy cerca del famoso parque de Yellowstone.

Ese verano, como Peter había sido responsable y buen estudiante, su abuelo le ayudó a fabricar un arco. Cuando lo tuvo en sus manos, descubrió una fuente inagotable de distracción y entretenimiento.

Por las mañanitas se solía ir a un pequeño bosque que había detrás de la casa para practicar la puntería. Nunca había disparado con un arco, por lo que su puntería era muy mala; aunque tenía la esperanza de que con el tiempo se transformaría en el Robin Hood de Wyoming.

Una mañana que había estado practicando hasta alrededor del mediodía y volvía a la granja para comer, vio a la puerta de la casa a Ducky, un pato blanco que era la mascota de la abuela. De pronto se imaginó vestido de cazador, y antes de que se diera cuenta estaba tensando el arco para efectuar un certero disparo. Apuntó y disparó; con tan mala suerte que le dio al pato en la cabeza y lo mató.

Temiéndose una gran reprimenda de los abuelos, escondió el cadáver del pato en el bosque. Cuando lo estaba enterrando, Sandra, lo vio. Sorprendido, y con miedo de que dijera algo a los abuelos le hizo prometer que guardaría silencio.

Continuar leyendo

Imprimir Correo electrónico