Cuentos con moraleja: "El amor y el auténtico sacrificio"

Hace años, cuando yo era un adolescente y comenzaba a descubrir a Jesucristo, una de las cosas que me daban más gozo era la posibilidad de ofrecer sacrificios al Señor. Hasta que un día, hablando con mi director espiritual, me dijo que, aunque el sacrificio era muy importante, la caridad, era mucho más agradable a Dios. Para explicarme esta afirmación me contó la historia que yo ahora les transcribo.
Fray Primitivo era un simpático y fervoroso franciscano, que vivió al principio del s. XIII. Según cuentan las crónicas de Espoleto, llegó a conocer a San Francisco en persona; a quien amaba tiernamente y seguía con absoluta fidelidad.
Todas las mañanitas, acabada su labor en el jardín del convento, acostumbraba a salir a pedir por el campo y los pueblos de alrededor con su cesta en la mano: cuando le daban alguna cosa besaba la mano del donante alabando al Señor; cuando recibía una repulsa hacía lo mismo, pues sabía muy bien que tenía que imitar a su Señor.











