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Horarios

Última actualización: 4/01/2024

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Horario de Misas:

   Misas dominicales:

     - Sábado tarde: 18:30

     - Domingo: 8:00, 10:00, 12:00, 17:00, 18:30

   El resto de las Misas de la semana:

     - De lunes a viernes: 7:30 y 18:30

     - Sábado por la mañana: 7:30

Horario de confesiones:

   Media hora antes de cada Misa y durante la Misa

Horario especial de confesiones: Jueves

   7:00 a 9:00 y 17:00 a 19:30

Horarios de oficina:

   - De lunes a viernes: 9:00 a 12:30 y 15:00 a 18:00

   - Sábados: 9:00 a 12:30

Horario del Santísimo :

- Adoración: Martes de 8:00 a 18:15

   - Bendición: Martes de 18:15 a 18:25  

- Adoración: Jueves de 8:00 a 18:15

   - Bendición: Jueves de 18:15 a 18:25

Predicando a sordos

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Church interior

Una de las tentaciones que tengo que superar todos los fines de semana es la de suprimir la predicación de la Santa Misa. He observado desde hace ya bastantes años, al menos en las parroquias donde yo sirvo, que puedes decir lo que sea que da la impresión que todo el mundo se ha vuelto sordo y duro de corazón. Ya les puedes predicar sobre la necesidad de la asistencia dominical a la Misa, ya sobre la conveniencia de confesarse frecuentemente; ya les puedes decir que hay que arrodillarse en el momento de la Consagración de la Misa, ya les aconsejes que comulguen de rodillas y en la boca…, parece ser que nadie escucha. Y por supuesto, cualquier mínimo planteamiento de llevar una seria vida espiritual está más que vedado. Si todos los domingos me preparo la predicación y predico es porque recuerdo lo que decía el Señor: “Si no hubiera venido y les hubiera hablado, no tendrían pecado. Pero ahora no tienen excusa de su pecado” (Jn 15:22); o lo que también decía San Pablo: “¡Ay de mi si no predicara!” (1 Cor 9:16). La verdad es que tengo que superar fuertes tentaciones de desánimo y de pensar ¿para qué predicar si todo va a seguir igual?

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Cuentos con moraleja: "Las lágrimas de la Luna"

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Las perlas

El presente cuento está dedicado a mi hermana Araceli, para que los sufrimientos presentes le ayuden a fabricar una hermosa perla que le haga bellísima y muy valiosa a los ojos de Dios Nuestro Señor.

*** ***

La leyenda dice que las ostras son lágrimas de la Luna. Quizá la metáfora tenga algo de verdad, ya que las perlas son producto del dolor de una ostra.

Marina era una ostra que vivía en el fondo de los mares que bañan Tampico (México). No era un caracol. Marina era un animal de profundidad y como todas las de su raza, había buscado una roca del fondo marino para agarrarse firmemente a ella. Una vez que lo consiguió, creyó haber encontrado el lugar que le permitiría vivir sin contratiempos el resto de sus días.

Pero el Señor había puesto su mirada en Marina. Y todo lo que en su vida sucediera, tendría como gran responsable al mismo Dios. Porque Dios en su misterioso plan para ella, había decidido que Marina fuera valiosa. Ella simplemente había deseado ser feliz.

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Cuentos con moraleja: "La mejor maestra"

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classroom acoustics

El presente cuento es un homenaje a ese profesor “especial” que probablemente todos hayamos tenido en nuestra vida, y que gracias a su ejemplo y buen hacer, marcó la diferencia en nuestro aprendizaje y ahora permanece para siempre en nuestro recuerdo.

*** *** ***

Su nombre era señorita Thompson, maestra del pueblecito de Saint Gabriel (Louisiana) a orillas del Mississippi. Mientras estuvo al frente de su clase de quinto, el primer día de clase lo iniciaba diciendo a los niños una mentirijilla. Como la mayor parte de los profesores, ella, mirando a sus alumnos les decía que a todos los quería por igual. Pero eso no era posible, porque ahí en la primera fila, desparramado sobre su asiento, estaba un niño de once años llamado Teddy Stoddard.

La señorita Thompson había observado a Teddy desde el año anterior y había notado que él no jugaba con otros niños, su ropa estaba muy descuidada y la higiene corporal no era una de sus principales virtudes. Teddy comenzaba a ser desagradable. Llegó el momento en que la señorita Thompson disfrutaba marcando los trabajos de Teddy haciendo una gran X y colocando un cero muy llamativo en la parte superior de sus tareas.

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Cuentos con moraleja: "Mis abogados defensores"

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obra 136

Después de haber vivido decentemente en la tierra, mi vida llegó a su fin. Lo primero que recuerdo es que estaba sentado sobre un banco, en la sala de espera de lo que imaginaba era un juzgado. La puerta se abrió y se me ordenó entrar y sentarme en el banquillo de los acusados. Cuando miré a mi alrededor vi al fiscal, quien tenía apariencia de villano y me miraba fijamente; era la persona más demoníaca que había visto jamás.

Me senté, miré hacia la izquierda y allí estaba mi abogado, un caballero con una mirada bondadosa cuya apariencia me era familiar. Junto a él una mujer un poquito mayor que él, que de vez en cuando le cuchicheaba al oído.

La puerta de la esquina se abrió y apareció el Juez vestido con una túnica impresionante. Su presencia demandaba admiración y respeto. Yo no podía quitar mis ojos de Él. Se sentó y dijo:

—Comencemos.

El fiscal se levantó y dijo:

—Mi nombre es Satán y estoy aquí para demostrar por qué este individuo debe ir al Infierno.

Comenzó a hablar de las mentiras que yo había dicho, de las cosas que había robado en el pasado. También habló de otras horribles cosas y perversiones cometidas por mi persona. Cuanto más hablaba, más me hundía en mi silla de acusado. Me sentía tan avergonzado que no podía mirar a nadie, ni siquiera a mi abogado. Mientras tanto, Satanás seguía mencionando pecados que hasta yo mismo había totalmente olvidado.

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Cuentos con moraleja: "El milagro de la canción de un hermano"

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Como cualquier madre, cuando Karen se enteró de que otro bebé venía de camino, hizo lo que pudo para ayudar a su hijo de cuatro años a prepararse para la llegada del nuevo hermanito. Cuando Michael se enteró se llenó de gran alegría. A Michael le gustaba cantarle bellas e infantiles canciones mientras ponía las manos en la barriguita de su mamá y sentía el movimiento del nuevo hermano.

El embarazo progresó normalmente para Karen, un miembro activo de la Iglesia de St Patrick en Morristown, Tennessee. Llegaron las contracciones del parto, pero surgieron complicaciones, por lo que fue llevada rápidamente al hospital. Los médicos dijeron que iba a ser un parto de horas y que probablemente requeriría de una cesárea.

Finalmente, la pequeña hermana de Michael nació; pero estaba grave. Con la sirena aullando en la noche, la ambulancia llevó al bebé a toda prisa a la Unidad Neonatal de Cuidados Intensivos del Hospital St. Mary’s en Knoxville, Tennessee.

Los días pasaron lentamente. La pequeña empeoró. El pediatra dijo a los padres:

—Hay muy pocas esperanzas. Estén preparados para lo peor.

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Cuentos con moraleja: "Para animarle a usted"

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Dos hombres, los dos muy enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde durante una hora para ayudarle a drenar el líquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación. Durante horas hablaban de sus mujeres y sus hijos, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el servicio militar, dónde habían estado de vacaciones…

Y cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver desde la ventana.

El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas las actividades y colores del mundo exterior. La ventana daba a un parque con un precioso lago. Patos y cisnes jugaban y jóvenes enamorados paseaban de la mano entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes árboles adornaban el paisaje y se podía ver en la distancia una bella vista de la ciudad.

El hombre de la ventana describía todo esto con detalles exquisitos. El del otro lado de la habitación cerraba los ojos e imaginaba la idílica escena.

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Cuentos con moraleja: "Aprendamos a controlar nuestros nervios"

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Una pareja de jóvenes llevaba varios años casados y no habían podido tener hijos. Para no sentirse solos, compraron un cachorro y lo querían como si fuera su propio hijo.

El cachorro creció hasta convertirse en un grande y hermoso perro; salvó en más de una ocasión a la pareja de ser atacada por ladrones. Siempre fue muy fiel, quería y defendía a sus dueños contra cualquier peligro.

Después de siete años de tener al perro, la pareja logró tener el hijo tan ansiado. La pareja estaba muy contenta con su nuevo hijo y disminuyeron las atenciones al perro. Este se sintió relegado y comenzó a sentir celos del bebé y ya no era el perro tan cariñoso y fiel que tuvieron durante siete años; o al menos esa era la impresión que a ellos les daba.

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Cuentos con moraleja: "Dios no se arrepiente de lo que hizo"

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Había un puente que atravesaba un gran río. Durante la mayor parte del día, el puente permanecía abierto de modo que los abundantes barcos que pasaban pudiesen navegar libremente. Pero a determinada hora, los carriles bajaban colocándose en forma horizontal a fin de que algunos trenes pudiesen cruzar el río. Desde una pequeña cabina que había a un lado del puente, un hombre accionaba los controles para que el puente bajara cuando, desde lejos, el silbido que anunciaba la cercanía del tren, le avisaba que estaba para llegar.

Una noche, el operador estaba esperando el último tren para activar los controles y bajar el puente; vio a lo lejos las luces del tren y esperó a oír el silbido para bajarlo. Cuando se dirigió al cuadro de mandos advirtió horrorizado que los controles no funcionaban correctamente y que el pulsador que accionaba la apertura y cierre del puente estaba cortocircuitado. Si no hacía algo rápidamente el tren caería irremediablemente al río.

El tren de la noche solía traer muchos pasajeros a bordo por lo que muchas personas perecerían irremediablemente en el accidente. Había que hacer algo. El hombre abandonó rápidamente la cabina de control, y se fue hacia una palanca manual que accionaba todo el mecanismo.

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Cuentos con moraleja: "Dios tiene una misión para cada uno"

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Había dos piedrecitas que vivían en medio de otras en el lecho de un torrente. Se distinguían de las demás porque eran de un intenso color azul. Cuando les daba el sol, brillaban como dos pedacitos de cielo caídos al agua. A ellas les gustaba pensar en qué se convertirían cuando alguien las descubriera:

Acabaremos en la corona de una reina, decía la una a la otra.

Un día por fin fueron recogidas por una mano humana. Varios días estuvieron sofocándose en diversas cajas, hasta que alguien las tomó y oprimió contra una pared, igual que otras, introduciéndolas en un lecho de cemento pegajoso, lloraron, suplicaron, insultaron, amenazaron, pero unos golpes de martillo las hundieron todavía más en aquel cemento. A partir de entonces sólo pensaban en huir.

Trabaron amistad con un hilo de agua que de cuando en cuando corría por encima de ellas y le decían:

—Fíltrate por debajo de nosotras y arráncanos de esta maldita pared.

 Así lo hizo el hilo de agua y al cabo de unos años las piedrecitas ya bailaban un poco en su lecho. Finalmente en una noche húmeda las dos piedrecitas cayeron al suelo y echaron una mirada a lo que había sido su prisión. La luz de la luna iluminaba un espléndido mosaico.

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Cuentos con moraleja: "Salvado por un Padrenuestro"

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trampolin

Tony, un joven cercano a los veinte, era el cuarto hijo de una familia profundamente católica de Minnesota. A pesar de haber realizado una adecuada catequesis, recibido los sacramentos y llevar una discreta vida de piedad con su familia, la influencia de un amigo ateo cuando llegó a la universidad le llenó su mente de dudas, abandonó la práctica de la religión, y con ello su fe se fue apagando paulatinamente hasta casi dejar de creer en Dios.

Estaba empezando su segundo año de leyes en una universidad cercana a su pueblo natal. Le apasionaba la natación, y desde bien joven comenzó a practicar el salto de trampolín. Durante los veranos era la atracción de las chicas saltando desde el trampolín en la piscina del pueblo. Los entrenadores del equipo universitario pronto se dieron cuenta de su valía, por lo que le propusieron pertenecer al equipo de salto de la universidad. Aunque saltaba desde todas las alturas, su especialidad era el salto desde el trampolín de 10 metros.

Una noche, acabado sus estudios en casa de un amigo, pensó que sería bueno irse a la piscina universitaria a dar unos saltos antes de acostarse. Cuando llegó al recinto deportivo se encontró que todas las puertas estaban cerradas. Conociendo un truco –que sabían todos los universitarios- se coló en la piscina. Todas las luces estaban apagadas, pero como la noche estaba clara y la luna brillaba radiante en su lleno, había suficiente iluminación para practicar.

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