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Última actualización: 4/01/2024

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   - Bendición: Jueves de 18:15 a 18:25

Cuentos con moraleja: "El valor del sacrificio"

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llevando la cruz

Un anciano sacerdote que llevaba más de 50 años destinado en Guanay (Bolivia), todos los años, al comenzar la Cuaresma, solía dar alguna charla sobre la misma a sus parroquianos más fieles. Dándose cuenta de que la vida fácil y cómoda iba siendo un obstáculo para muchos de ellos para perseverar en la fe, les relató este cuento:

Había una vez un padre con tres hijos. Los llamó y les dijo:

—Hijos míos, yo ya soy muy viejo. Voy a morir y vosotros no conocéis aún el poblado del que vienen vuestros antepasados. Así que poneos en marcha, id y saludad a la familia. Pero tendréis que ir a pie, porque no hay caminos, pero para lo que pueda haceros falta cada uno llevará un tronco de árbol que yo os daré.

El poblado estaba muy lejos, pero los hijos obedecieron. Al poco de comenzar a caminar, el mayor dijo:

—Lo que papá nos pide es absurdo; es imposible andar con este peso encima.

Así que tiró el tronco, y continuó el camino mucho más rápido que sus dos hermanos.

Más adelante, el segundo dijo:

—Nuestro hermano mayor tiene razón, pero como no quiero desobedecer a papá, cortaré el tronco por la mitad para aligerar la carga.

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Cuentos con moraleja: "El último regalo"

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old couplep

Cuentan que hace mucho tiempo vivía en la zona campesina de Chila (Buenos Aires) una pareja de esposos ya muy ancianos, de extrema pobreza, no habían tenido hijos y vivían solo de la caridad de la gente de la aldea. Cada día salía él hacia el mercado con la esperanza de conseguir alguna cosa para comer en la noche junto a su amor. Su único tesoro era una vieja pipa de madera que hacía mucho tiempo no veía el tabaco pero él se la colgaba en la boca, para espantar un poco el hambre del día.

Ella se sentaba a media mañana en la entrada de la choza que habitaban y peinaba mil veces sus largas trenzas, su máximo tesoro y su orgullo, sin embargo el pelo blanco y largo hacia mucho que no conocía algún peine pues el último que había tenido hacia mucho que se había destrozado y ya no pudo conseguir otro. Al ponerse el sol llegaba él con alguna bolsa de fruta que alguien le había regalado, así era día a día.

Llegó el día del aniversario de bodas, y el salió como cada mañana temprano, pensando qué le regalaría a ella, nada tenía y el día se veía negro. Por su parte ella se sentó en la puerta de la casita pensando cómo celebrar si no había con qué. Sin embargo al llegar la tarde él llegó con un pequeño paquete que le dio con un suave beso en la frente —feliz aniversario— ella sacó de debajo de la silla también un paquete que le entregó con una gran sonrisa, al abrir cada uno su regalo, se miraron y sollozaron en silencio disfrutando del gran amor que Dios les estaba demostrando.

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Cuentos con moraleja: "Que Dios siempre esté presente en nuestras vidas"

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Niñas traviesas

Junaid tenía un discípulo al que prefería sobre todos los demás, lo que suscitó los celos de los otros discípulos: Junaid -que conocía los corazones- se dio cuenta de ello.

- Os es superior en cortesía y en inteligencia, les dijo. Hagamos una experiencia para que vosotros también lo comprendáis.

Junaid ordenó entonces que le trajeran veinte pájaros, y les dijo a los discípulos:

- Que cada uno coja un pájaro, se lo lleve a un lugar en el que nadie lo vea, lo mate, y me lo traiga luego.

Todos los discípulos se fueron, mataron los pájaros y los volvieron a traer. Todos… excepto el discípulo favorito, que le devolvió vivo el pájaro.

- ¿Por qué no lo has matado?, preguntó Junaid.

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Cuentos con moraleja: "La ceguera del Dr. Marwin"

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silla de ruedas

Cuando el Dr. Marwin era joven alumno de la escuela de medicina de Plateville en Wisconsin (USA), estaba profundamente convencido de la estupidez que suponía llenar el mundo de enfermos incurables y seres inválidos. Defendía ardientemente la eutanasia y acostumbraba a discutir esos temas con sus compañeros de clase.

—Pero si esa es precisamente nuestra misión -le contestaban-. Estamos aquí para cuidar del cojo, el lisiado y el ciego.

La misión del médico -replicaba siempre Martín- es sanar a los enfermos, y si no existe remedio, lo mejor es que mueran.

Ya cursaba el último año de estudios cuando, cumpliendo sus deberes fuera del hospital, asistió en un barrio humilde de la ciudad al alumbramiento de una inmigrante alemana. Era el décimo chiquillo que la mujer traía al mundo y había nacido con una pierna bastante más corta que la otra. La fuerza de la costumbre hizo al médico soplar en la boca de la criaturita para iniciar la respiración, pero un momento después pensó:

—¡Qué demonios! Está condenado a caminar toda la vida con su desdichada pierna. Los otros chicos le llamarán Pata-corta. ¿Para qué hacerle vivir? El mundo no lo necesita para nada.

Sin embargo, su instinto de médico era muy fuerte y no le permitió abandonar aquel par de pulmoncitos cuyo funcionamiento había que iniciar. Volvió a la tarea. Por fin llegó el soplo de aliento que esperaba, se coloreó la cara del bebé y un débil vagido salió de sus labios.

El médico recogió su maletín y se marchó. Mientras atravesaba la ciudad se iba haciendo reproches:

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Cuentos con moraleja: "Yo grande, tú peque"

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yo grande tu peque.jpg

Un profesor universitario de español, de gran fama tanto en España como en el mundo entero, soñó que se encontraba con Dios y decidió preguntarle el motivo por el cual nunca había sido feliz en su vida, a pesar de su exitosa carrera y sus conocimientos. Dios le dijo entonces:

—Sé que eres profesor de una gran trayectoria en el idioma, dime cuáles son las tres primeras personas de los pronombres personales.

El profesor se sorprendió de aquella pregunta tan fácil, y respondió:

—Pues eso es muy fácil para una persona con mis conocimientos del idioma, son: yo, tú y él.

Dios le miró y dijo:

¿Ves? ¡Ese es tu problema!

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Cuentos con moraleja: "Mi encuentro con un ángel"

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Gethsemane

Los Gutiérrez eran católicos devotos que vivían en Zacatecas (México). El pueblo entero los veía como familia ejemplar tanto en su fe como en sus virtudes. Todos decían que la familia Gutiérrez era una familia cristiana especial.

El padre se interesaba especialmente por el estado espiritual de cada uno de sus hijos y con frecuencia les hablaba de Dios y les pedía que explicaran cómo se imaginaban que sería el cielo.

Un día tocó el turno a Jimmy, el más pequeño de siete años, para que explicara cómo se imaginaba él cielo. Jimmy les contó su versión.

—Creo que el cielo va a ser algo así: Un día, cuando nos vayamos a morir, será el momento de que el ángel grande lea de un enorme libro los nombres de toda la gente que va a estar allí. Vendrá hasta donde está la familia Gutiérrez y dirá:

—¿Papá Gutiérrez?, y papá dirá

—Presente.

—Luego el ángel llamará:

¿Mamá Gutiérrez?, y mamá dirá

—Presente.

Entonces el ángel bajará para llamar a Susana y a Carlos y ambos contestaran:

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Cuentos con moraleja: "¡Danos, Señor, sacerdotes santos!"

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LosCurasp

Hace años un sacerdote fue trasladado a la Parroquia del Espíritu Santo en Houston, Texas. Poco después de haber tomado cargo de la parroquia, una mañanita decidió tomar el autobús para dar una vuelta por la ciudad y así conocer a sus parroquianos. Se montó en un autobús para ir al centro de la ciudad. Al sentarse, descubrió que el chófer le había dado una moneda de 25 centavos de más en el cambio.

Mientras consideraba qué hacer, pensó para sí mismo:

— ¡Ah!, olvídalo, son sólo 25 centavos. ¿Quién se va a preocupar por tan poca cantidad? De todas formas la compañía de autobuses recibe mucho de las tarifas y no la echarán de menos. Acéptalo como un regalo de Dios.

Pero cuando llegó a su parada, se detuvo y, pensando de nuevo, decidió darle la moneda al conductor diciéndole:

—Tome, usted me devolvió 25 centavos de más”.

El conductor, con una sonrisa le respondió:

—Sé que es el nuevo sacerdote. Cuando le vi subir me dio un vuelco el corazón. Entonces me vino como una inspiración de que tenía que volver a mi fe. Hace muchos años que abandoné la Iglesia. El verle a usted me hizo desear volver a la Iglesia, pero quería comprobar antes si usted era una persona honrada y digna de confiarle mi alma, y no uno más de esos que hablan mucho pero que en el fondo son unos fariseos. Es por eso que le devolví 25 centavos de más para ver qué haría usted.

Se bajó el sacerdote sacudido por dentro y dijo:

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Cuentos con moraleja: "También nosotros podemos hacer que sea Navidad para alguien"

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Un niño de diez años, descalzo y temblando de frío, se asomaba a través del escaparate de una zapatería. Una señora se acercó al niño y le dijo:

—Hola pequeño ¿qué estás mirando con tanto interés?

—Le estaba pidiendo a Dios que me diera un par de zapatos, - fue la respuesta del niño.

La señora lo tomó de la mano y entró con él a la tienda, le pidió al empleado que le diera media docena de pares de calcetines para el niño. Pregunté si podría darme un recipiente con agua y una toalla. El empleado rápidamente se lo trajo. Ella se llevó al niño a la parte trasera de la tienda se quitó los guantes, le lavó los pies, y se los secó con la toalla.

Para entonces el empleado llegó con los calcetines. La señora le puso un par de los calcetines al niño y le compró un par de zapatos.

Cogió el resto de los calcetines y se los dio al niño. Le pasó delicadamente la mano por la cabeza con mucho cariño y le dijo:

—No hay duda pequeño, que ahora te sientes más cómodo.

Mientras ella daba la vuelta para irse, el niño le tomó de la mano, y mirándola con lágrimas en los ojos le preguntó:

—¿Es usted la esposa de Dios?

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Cuentos con moraleja: "La semilla de la verdad"

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Interior de convento

Érase una vez un rey que convocó a todos los jóvenes solteros del reino pues era tiempo de buscar pareja para su hija.

Todos los jóvenes casaderos asistieron y el rey les dijo:

— Os voy a dar una semilla diferente a cada uno de vosotros, al cabo de seis meses deberéis traerme en una maceta la planta que haya crecido, y la planta más bella ganará la mano de mi hija, y se convertirá en mi sucesor.

Así se hizo. Pero había un joven que plantó su semilla y no germinó. Mientras tanto, todos los demás jóvenes del reino no paraban de hablar y mostrar las hermosas plantas y flores que habían conseguido en sus macetas. Llegaron los seis meses y todos los jóvenes desfilaron hacia el castillo con hermosísimas y exóticas plantas.

Nuestro joven estaba muy triste pues su semilla no había germinado. Ni siquiera quería ir a palacio, pero su madre insistía en que debía ir pues era un participante y debía estar allí para no ser descortés con el rey. Con la cabeza gacha y avergonzado, llegó al palacio con su maceta vacía.

Todos los jóvenes hablaban de sus plantas, y al ver a nuestro amigo se rieron de él y se burlaron. En ese momento, el alboroto fue interrumpido por la aparición del rey. Todos hicieron sus respectivas reverencias, mientras que el rey se paseaba por delante de las macetas y admiraba las bellas plantas.

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Cuentos con moraleja: "Hay más alegría en dar que en recibir"

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loving hands

Un amigo mío llamado David, tiene un hermano que le dio un automóvil como regalo de Navidad. El día de Nochebuena, cuando David salió de su oficina, un niño de la calle estaba dando vueltas alrededor del flamante coche nuevo.

— ¿Es este es su coche señor?- preguntó.

David afirmó con la cabeza.

— Mi hermano me lo ha regalado por la Navidad.

El niño estaba asombrado.

— Quiere decir que su hermano se lo regaló y a usted no le costó nada, Vaya, me gustaría… -titubeó el niño.

Desde luego, David sabía lo que el niño iba a decir, que le gustaría tener un hermano así, pero lo que el muchacho realmente dijo estremeció a David de pies a cabeza.

— Me gustaría - prosiguió el niño - poder ser un hermano así.

David miró al niño con asombro, e impulsivamente añadió:

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Cuentos con moraleja: "Un consejo para vencer al demonio"

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Devil

Un día estaba un joven en su casa y alguien llamó a la puerta. Al abrir se encontró al diablo, quien lo agarro del pelo, lo golpeó y luego se fue.

Se preguntó el muchacho:

— ¿Qué debo hacer si el diablo vuelve a venir?

De pronto, vio pasar a Jesús y pensó:

— Si Él está en mi casa el diablo no entrará.

Entonces lo invitó a pasar, le mostró la casa y le preguntó:

— ¿Puedes venir mañana antes que el diablo pase por aquí?

Al día siguiente el diablo volvió a llamar a la puerta; Jesús ya estaba dentro de la casa… El muchacho muy tranquilo abrió la puerta y el diablo volvió a darle una tremenda paliza.

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