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Última actualización: 4/01/2024

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     - Sábado por la mañana: 7:30

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- Adoración: Martes de 8:00 a 18:15

   - Bendición: Martes de 18:15 a 18:25  

- Adoración: Jueves de 8:00 a 18:15

   - Bendición: Jueves de 18:15 a 18:25

Cuentos con moraleja: "El mejor ginecólogo"

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mujer-embarazada-bebe

Llega una mujer muy asustada al consultorio de su ginecólogo y le dice:

- Doctor: ¡por favor ayúdeme, tengo un problema muy serio! Mi bebé aún no cumple un año y ya estoy de nuevo embarazada. No quiero tener hijos en tan poco tiempo, prefiero un espacio mayor entre uno y otro...

El médico entonces le preguntó:

 -Muy bien, entonces ¿qué quiere que yo haga?

Ella respondió:

-Deseo interrumpir mi embarazo y quiero contar con su ayuda.

El médico se quedó pensando un poco y después de algún tiempo de silencio le dice a la mujer:

 -Creo que tengo un método mejor para solucionar el problema y es menos peligroso para usted.

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Cuentos con moraleja: "No es mi problema"

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noesmiproblema

Érase una vez una familia de granjeros que vivía en su granja a unos diez kilómetros de un pueblecito de Cáceres allá por los años cuarenta del siglo pasado. Los pobres granjeros llevaban años luchando contra una plaga de ratones que se comían el grano e incluso entraban a la cocina de la casa y robaban todo lo que podían.

Por esos días pasó por el pueblo un buhonero con su carro tirado por una mula vieja, delgada y cansina en el andar. Cuando nuestros granjeros supieron que el buhonero estaba en el pueblo, se acercaron a preguntarle:

-          Disculpe, Sr. Buhonero, ¿no tendría usted una trampa para cazar ratones? Es que tenemos una plaga de ratones en la granja y no hay modo de terminar con ellos.

El Sr. Buhonero buscó entre sus pertenencias y encontró lo que le habían pedido. Puso el cepo en una cajita de cartón y se lo entregó a nuestros granjeros a cambio de dos kilos de trigo.

Cuando los granjeros llegaron a su casa, se dispusieron a preparar la trampa; pero no se dieron cuenta que un ratón había estado mirando por un agujero pequeño que había en la pared de la cocina. En su mente, nuestro amigo Ratón, se imaginó un buen trozo de queso o cualquier otra comida apetitosa que sus señores acababan de comprar; pero cuando abrieron el paquete quedó aterrorizado al descubrir que era una trampa para cazarle a él

Tremendamente asustado, fue corriendo al patio de la granja para advertir al resto de los animales que allí vivían:

-          "¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera en la casa! ¡Los amos han comprado una ratonera!”.

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Cuentos con moraleja: "Amar en vida"

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amarenvida

Dos amigos se encontraban tomando un café y uno le comenta en tono de queja al otro:

-          Mi mamá me llama mucho por teléfono para pedirme que vaya a conversar con ella. Yo voy poco y en ocasiones siento que me molesta su forma de ser. Ya sabes cómo son los viejos: Cuentan las mismas cosas una y otra vez. Además, nunca me faltan compromisos: que el trabajo, que los amigos...

-          Yo en cambio - le dijo su compañero, converso mucho con mi mamá. Cada vez que estoy triste, voy con ella; cuando me siento solo, cuando tengo un problema y necesito fortaleza, acudo a ella y me siento mejor.

-          Caramba, se apenó el otro. Eres mejor que yo.

-          No lo creas, soy igual que tú, respondió el amigo con tristeza. Visito a mi mamá en el cementerio. Murió hace tiempo, pero mientras estuvo conmigo, tampoco yo iba a conversar con ella y pensaba lo mismo que tú. No sabes cuánta falta me hace su presencia, cuánto la echo de menos y cuánto la busco ahora que ha partido.

-          Si de algo te sirve mi experiencia, conversa con tu mamá hoy que todavía la tienes, valora su presencia resaltando sus virtudes que seguro las tiene y trata de hacer a un lado sus errores, que de una forma u otra ya forman parte de su ser. No esperes a que esté en un cementerio porque ahí la reflexión duele hasta el fondo del alma, porque entiendes que ya nunca podrás hacer lo que dejaste pendiente, será un hueco que nunca podrás llenar. No permitas que te pase lo que me pasó a mí.

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Cuentos con moraleja: "Cuando la fruta no alcanza"

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manzana

Cuenta la historia que tres montañeros que se habían ido a escalar a los Andes, se perdieron en la montaña como consecuencia del mal tiempo, la nieve y el desconocimiento del terreno. Durante tres días estuvieron andando sin rumbo y sin esperanza. Por más que buscaron no encontraron ningún poblado, ni cabañas, ni personas que les pudieran dar alguna indicación e incluso algo de alimento. Al final, lo único que les quedó para comer fue una manzana, por lo que empezaron a pasar hambre. En esto que se les apareció Dios y les dijo que probaría su sabiduría, y que dependiendo de lo que respondieran Él les salvaría.

Les preguntó entonces Dios qué podían pedirle para arreglar aquel problema y que todos se alimentaran.

El primero dijo:

"Pues que aparezca más comida".

Dios contestó que era una respuesta sin sabiduría, pues no se debe pedir a Dios que aparezca mágicamente la solución a los problemas, sino trabajar con lo que se tiene.

Dijo el segundo entonces:

"Entonces haz que la manzana crezca para que sea suficiente".

A lo que Dios contestó que no, pues la solución no es pedir siempre multiplicación de lo que se tiene para arreglar el problema, ya que el hombre nunca queda satisfecho y por ende nunca sería suficiente.

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Del "Todos los Santos" al diabólico "Halloween"

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halloween

Nos acercamos a unas fiestas litúrgicas de primer orden: la Solemnidad de Todos los Santos y la Conmemoración de los Fieles Difuntos. Es una celebración dedicada a la Iglesia Triunfante del Cielo (Todos los Santos) y a la Iglesia Purgante del Purgatorio (Fieles Difuntos), y a nuestra relación con ellas, como Iglesia Peregrina y Militante en la Tierra.

Por un lado, recordamos, damos gracias a Dios y pedimos la intercesión de nuestros hermanos que se han salvado. Ellos nos enseñan nuestra meta final, nos animan en nuestro caminar hacia el Cielo, interceden por nosotros y nos recuerdan constantemente el sentido de nuestra vida en este mundo: hemos sido creados por Dios que es Amor para ser santos, para amarle y ser amados por Él, y de ese modo, ser felices con Él eternamente, acompañados de todos nuestros hermanos bienaventurados. En este mundo no tenemos nuestra morada definitiva, sino que somos peregrinos en busca de nuestra Patria definitiva, la Jerusalén Celestial, de la que nos habla la Revelación (Heb 11: 14—16). ``Santos’’ son todos los moradores del Cielo. Ser santos, es también nuestra vocación: vivir santamente en la tierra (los primeros cristianos se denominaban entre ellos, ``los santos’’ ---Hech 9:13.32.41; 26:10; Ro 1:7; 1 Cor 1:2; etc.---), y alcanzar la santidad definitiva en los Cielos. Algunos santos del Cielo son conocidos, pues la Santa Iglesia los ha canonizado, los ha incluido en la ``lista’’ de los salvados. Otros muchos, son anónimos, pero están gozando del estado de bienaventuranza eterna. Son multitudes ingentes (Ap 7:9). De toda clase y condición, de todas las edades, de todas las naciones. Esta fiesta preciosa de la Solemnidad de Todos los Santos, alimenta nuestra fe y nos llena de esperanzas y de verdaderos desafíos para vivir una vida cristiana más perfecta.

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Cuentos con moraleja: "El agua que quería ser fuego"

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agua 

Cuentos con moraleja: “El agua que quería ser fuego”

Cuando en el infinito amor de Dios cada uno de los hombres fue creado, fue dotado de una serie de talentos, talentos que Dios quiso especialmente para cada uno y que nosotros hemos de hacerlos crecer.

Una de las cosas que más nos cuesta aprender en esta vida es reconocer las facultades que Dios nos dio. Con mucha frecuencia tenemos envidia porque fulanito recibió más talentos que yo, o porque tiene aptitudes que a mí me gustaría tener; y no sabemos que cada uno de nosotros es el resultado del amor personal de Dios, y si así nos quiso es porque era lo mejor para nosotros. Con mucha frecuencia el hombre tarda años en ser consciente de ello; es más, hay personas que nunca se dan cuenta o no terminan de aceptarlos. No hemos de tener envidia de los demás y de sus talentos, estemos contentos con los nuestros y esforcémonos en hacerlos crecer. Precisamente en el éxito de cumplir esta misión estará nuestra felicidad aquí en la tierra y luego, el regalo eterno del cielo (Mt 25: 14-30).

Yo recuerdo cuánto me costó aceptarme como Dios me había hecho. Me habría gustado ser un poco más listo, más honesto, más alto, más guapo... Con frecuencia intenté presentar una imagen ante los demás aparentando unos dones que no tenía; en cambio me avergonzaba, o al menos no sacaba provecho de los regalos que Dios me había dado. Tuvo que pasar mucho tiempo, hasta que la edad, los tropezones, y sobre todo la gracia de Dios, me ayudaron a conocerme como era, aprovechar mis dones, aprender a estar en mi sitio –que es el que Dios quería-, y aceptarme sin pretender ser otro.

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Dios siempre escucha

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cactus

Cuentos con moraleja: “Dios siempre escucha”

Hace no muchos años me hablaron de una pobre mujer, Angustias de nombre, que a pesar de sus pocos años había ya padecido mucho. Como consecuencia de tanto sufrimiento y de su precaria vida de piedad, fue perdiendo la fe y su confianza en Dios. Por si faltaba algo, su marido hacía unos meses que se había quedado sin trabajo y apenas si tenían para vivir ellos y sus cuatro hijos.

Conociendo Consuelo, una amiga suya, el mal estado emocional en el que se encontraba fue un día a visitarla.

-          ¡Hola. Angustias! ¿Cómo te encuentras?

-          No tan bien como deseara. La verdad es que últimamente estoy con la depre. Ya sabes todo lo que nos está ocurriendo. – Respondió la amiga.

-          Lo que debes hacer es tener fe. ¡Pídele a Dios y verás como te ayuda!

-          Dios me ha abandonado. Al principio rezaba, pero me aburrí. No sé si habrá alguien arriba porque por más que le pido no me responde.

Angustias, durante sus años mozos, había sido una “buena cristiana”; pero luego, cuando la vida empezó a azotarle, y debido también a que su marido era poco practicante, se fue separando de Dios y de la vida de piedad.

Consuelo le insistió en que rezara con fe, pues Dios nunca dejaba de escuchar nuestra oración. Por más que le insistía, Angustias no parecía dar su brazo a torcer. Así que después de un pequeño debate, y viendo Consuelo que no conseguía nada le dijo a Angustias:

-          Mira, Angustias, nada vas a perder si le pides a Dios de nuevo. Él nunca abandona. Es más, a partir de ahora pediré yo también por ti.

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Cuentos con moraleja: "El pan más pequeño"

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panpequeno

Acababa de terminar la Segunda Guerra Mundial. Muchos países estaban en el caos. Faltaban  hospitales, medicinas y muchas cosas de primera necesidad. Quienes más sufrían eran los niños por la falta de alimento. Los hechos que vamos a relatar nos sitúan en un pueblecito pequeño de Alemania en las fechas cercanas a la Navidad.

Había en ese pueblecito no más de doscientos habitantes. Bastantes familias habían perdido durante la guerra a los padres y abuelos. El hambre y la desnutrición era el visitante más común de todos los hogares. Las cosechas habían sido destruidas por la guerra.

Como se acercaba la Navidad, el único panadero que había quedado en el pueblecito pensó hacer una buena obra y dar una hogaza de pan cada día a los niños que vinieran a recogerla a su panadería. Después de haberlo anunciado debidamente en la plaza del pueblo, preparó veinte hogazas, unas más grandes y otras más pequeñas, con la masa que le había sobrado.

En esto que llamó a los niños, los cuales no tardaron ni un minuto en llenar la pequeña habitación que servía de tienda para vender el pan. El panadero, a quien llamaremos convencionalmente Honorato, puso un poco de orden y les dijo que se acercaran para coger cada uno un pan. Acababa de dar el silbato de salida cuando los niños se abalanzaron a coger su hogaza de pan, a cual más grande y salir corriendo hacia su casas para entregarlas a sus madres. Ninguno se detuvo un segundo para darle las gracias a Honorato, pero a él no le preocupó mucho; si había hecho este gesto era por caridad y no esperaba ningún reconocimiento a cambio. Al final quedó una niña pequeña en un rincón de la habitación, la cual sin atreverse a levantar los ojos oyó al panadero que le decía:

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Cuentos con moraleja: "Sembrando el bien"

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flor

Un hombre cogía cada día el autobús para ir al trabajo. Una parada después, una anciana subía al autobús y se sentaba al lado de la ventana. La anciana abría una bolsa y durante todo el trayecto, iba tirando algo por la ventana.

Siempre hacía lo mismo y un día, intrigado, el hombre le preguntó qué era lo que tiraba por la ventana.

— ¡Son semillas! — le dijo la anciana.

— ¿Semillas? ¿Semillas de qué?

—- De flores. Es que miro afuera y está todo tan vacío… Me gustaría poder viajar viendo flores durante todo el camino. ¿Verdad que sería bonito?

— Pero…tardarán en crecer, necesitan agua…

— Yo hago lo que puedo hacer. ¡Ya vendrán los días de lluvia!

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Cuentos con moraleja: "Camino del cielo"

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kids in backpacks 1

El padre de Pedro murió como consecuencia de la miseria. Seis meses más tarde, su esposa lo siguió, consumida por las privaciones.

—Adiós, dijo la mujer al hijito, te dejo solo aquí en la tierra; sé bueno y persevera en la oración, que un día nos encontraremos en el cielo.

Pedro quedo solo en el mundo. Tenía apenas seis años, y una vecina caritativa lo acogió, dividiendo con él su pan de cada día. Entretanto, por más que se esforzaba en cuidar del niño, el corazón del pequeño huérfano estaba siempre junto a sus padres ausentes, que ansiaba por reencontrar.

En una de las largas noches que pasaba despierto, fue tomado por un pensamiento:

—¡Ah, el cielo! Debe de ser un lugar de mucha alegría, porque papá y mamá fueron allí y no pensaron siquiera en volver. Estoy seguro de que en el cielo no debe de faltar nada. Pero… ¿Por qué ellos no me llevaron también? ¡Si yo pudiese ir a su encuentro, los abrazaría y besaría!

Desde aquél día, Pedro se le metió en la cabeza la idea de partir para el cielo en busca de sus padres. Cierta mañana, sin decir nada a nadie, juntó en un fardo la poca ropa que tenía y se puso en camino. Después de mucho andar, llegó a una aldea. Llegó tan exhausto que cayó delante de una puerta donde había una cruz. Era la casa parroquial de la iglesia del pueblo.

El buen sacerdote oyó un gemido y corrió para ver qué era, encontrando el niño postrado en el suelo.

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Cuentos con moraleja: "¡Quitadme los zapatos!"

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zapatosbarro

San Felipe Neri consideraba que la primera virtud de un santo es la humildad. Había en su época una religiosa de la que todos hablaban, pues se decía que tenía revelaciones. Un día, el Papa mandó precisamente al padre Felipe a aquel convento para que valorara la santidad de la monja.

El tiempo empeoró y la lluvia caía como sólo Dios la sabe mandar, así que Felipe Neri se puso de barro hasta las rodillas.

Llegado al convento, preguntó enseguida por la monja y…. ahí viene: seria, muy seria, afligida, totalmente perdida en Dios.

El santo se sienta, extiende la pierna y dice a la monja:

—¡Quitadme los zapatos!

La monja se enfureció. Alzó el mentón y permaneció inmóvil e indignada.

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