Solemnidad de Pentecostés (A) (4 junio 2017)

Al celebrar la fiesta de Pentecostés debemos recordar el importante papel que el Espíritu Santo, la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, cumple dentro de la Iglesia Católica y también la necesidad que cada miembro de la Iglesia tiene de su divina asistencia.
Cuando Nuestro Señor Jesucristo estableció su Iglesia, prometió a sus Apóstoles que enviaría a otro Consolador, a quien llamó el Espíritu de Verdad:
- “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de Verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce” (Jn. 14:16).
- “Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn. 14:26).
- “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de Verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio” (Jn 15:26).
- “Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré” (Jn. 16:7).
- “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad” (Jn. 16:13).
A partir de estas referencias bíblicas, podemos ver claramente la asistencia que el Espíritu Santo proporcionaba a los Apóstoles — ayudarles a enseñar las verdades divinamente reveladas por el Hijo de Dios, Jesucristo.











