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     - Sábado por la mañana: 7:30

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- Adoración: Martes de 8:00 a 18:15

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- Adoración: Jueves de 8:00 a 18:15

   - Bendición: Jueves de 18:15 a 18:25

2º Domingo de Pascua (B) (8 abril 2018)

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resucitadoytomas

Jn 20: 19-31

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.»

  • Jesús desea que su paz esté con nosotros. El deseo de la paz era el saludo de acostumbrado de cualquier judío; pero en el caso de Cristo, este saludo tiene una dimensión especial. La paz que Jesús desea para nosotros es la que Él nos brinda.

Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez:«La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.»

  • Palabras que resuenan a las palabras que dijo en la Última Cena: “haced esto en memoria mía”; y es porque ahora va a terminar de instituir el sacramento del orden que había empezado el Jueves Santo; ahora envía a sus discípulos del mismo modo que Él había sido enviado por su Padre. Y dicho esto, les da poder para perdonar los pecados

Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

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Domingo de Resurrección (B) (1 abril 2018)

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La Pascua celebra la Resurrección de Jesucristo, victorioso sobre la muerte. Su victoria es nuestra victoria. Verdad fundamental de la fe cristiana. Éste es el día que hizo el Señor. La Iglesia se reúne felizmente cansada después de la intensidad de la Vigilia Pascual. El Padre nos recibe en casa, como al hijo pródigo, nos agasaja con un banquete y nos da una túnica nueva.

Según San León Magno, Jesús se apresuró a resucitar cuanto antes porque tenía prisa en consolar a su Madre y a los discípulos.

Hoy comenzamos "los Cincuenta Días de la Pascua," siete semanas más un día–una "semana de semanas" desde ahora hasta la fiesta de Pentecostés. En estos cincuenta días nuestro Señor resucitado nos dirige hacia para andar según un nuevo modo de vida. Nuestro maravilloso Jardinero planta su cruz entre nosotros como nuevo árbol de la vida. Nuestro Buen Pastor nos conduce a los pastos floridos del paraíso.

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Domingo de Ramos (25 marzo 2018)

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El Domingo de Ramos es el día en el que recordamos la "entrada triunfal" de Jesús en Jerusalén; exactamente una semana antes de su resurrección (Mateo 21:1-11). Unos quinientos años antes, el profeta Zacarías había profetizado: "Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna."(Zacarías 9:9). Mateo 21:7-9 registra el cumplimiento de esta profecía: “y trajeron el asno y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima. Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!” Este hecho tuvo lugar el domingo antes de la crucifixión de Jesús.

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5º Domingo de Cuaresma (B) (18 marzo 2018)

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granodetrigo

Jn 12: 20-33

Unos griegos se acercaron a Felipe diciendo “…queremos ver a Jesús”

Los griegos, atraídos por lo que oían de Jesús, tenían deseos de conocerle. Los apóstoles hicieron de intermediarios entre ellos y Jesús. Esa misión ahora la cumplen la Iglesia y cada uno de sus apóstoles.

“Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna”.

Jesús está hablando de la glorificación que ocurrirá en el momento de su muerte. Sin su muerte no habría fruto. Lo mismo que el grano de trigo ha de morir para dar fruto, del mismo modo el Hijo del hombre ha de morir para que los que le siguen tengan vida eterna.

“Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le premiará”.

Jesús no hace la invitación de seguirle. No será la primera vez. “El que quiera ser mi discípulo que lo deje todo, tome su cruz y me siga”. Seguir al Señor significa ir detrás de Él, imitarle en sus virtudes…

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4º Domingo de Cuaresma (B) (11 marzo 2018)

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IV Domingo de Cuaresma

Jn 3: 14-21

“Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras”.

“Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna” Jesús establece un paralelismo entre el episodio de las mordeduras de serpientes que cuenta en Antiguo Testamento (Num 21: 8ss) y “la curación” que nos traerá Jesucristo cuando sea levantado como un estandarte.

“…para que todo el que crea tenga por él vida eterna”. Eso será lo que nos curará: nuestra fe. “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”.¡Cuánto nos amará Dios que nos entregó a su propio Hijo como regalo que se así pudiéramos salvarnos!

La razón principal por la que Dios mandó a su Hijo a mundo no fue para juzgarlo, sino para salvarlo: “Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”.

Pero, misteriosamente, la reacción del hombre no será de aceptación de Cristo, sino de rechazo: “…y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas”. Ese rechazo a Cristo, será la causa de su juicio y de su condenación. Es el mismo hombre quien se salva o se condena. Se salva si cree en Cristo y hace buenas obras. Se condena si rechaza a Cristo, prefiere las tinieblas y las malas obras.

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3er Domingo de Cuaresma (B) (4 Marzo 2018)

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El templo es casa de oración

Cada vez es más común ver en los templos una pérdida de respeto más generalizada hacia las cosas sagradas. Los fieles que asisten al culto ya no “saben” cómo estar callados, cómo vestir, cómo comportarse. La mayoría de los templos más parecen mercados públicos, centros médicos, pasarelas de moda o pequeñas discotecas para aficionados, que lugares de culto donde se viva y palpe la presencia de Dios y de lo sagrado.

Conforme las personas van entrando en la iglesia se sienten obligados a saludar a todas las personas con las que se encuentran. Y no digamos cuando la celebración litúrgica acaba. Todo el mundo hablando, los niños corriendo, el sacerdote saludando a unos y otros; y el pobre que quiere dar gracias a Dios no encuentra ni un segundo de paz en lo que debería ser una casa de oración. Parece que se nos han olvidado las palabras del Señor: “Mi casa es casa de oración”. De vez en cuando se oye el “chizzz” de un alma piadosa. De momento se hace silencio que sólo dura unos segundos. Poco a poco el rumor de fondo va aumentando hasta que el ruido y la falta de respeto se hacen otra vez presentes.

Hay muchas personas, de las pocas que todavía van a Misa los domingos, que entran y salen de la iglesia (y que incluso han recibido la Comunión en esa Misa), que han hablado con todo el mundo menos con Dios.

 

Recuerdo aquellos tiempos pasados

Recuerdo aquellos tiempos pasados en los que el hombre se descubría al entrar en el templo y la mujer se cubría la cabeza con un precioso velo. Eran signos de respecto y piedad. Luego se acercaban a la pila de agua de bendita, se santiguaban e iban al banco, donde de rodillas, hacían alguna oración preparatoria para la Santa Misa. ¡Qué respeto!, ¡qué belleza!, ¡qué silencio! ¡Y qué lástima porque todo eso se ha perdido! Uno entraba a la iglesia y ya se respiraba santidad y se olía el incienso de una ceremonia pasada. Sólo eso era capaz de preparar tu alma para empezar a vivir la Santa Misa.

Ahora en cambio, entras a la iglesia y se oye el hablar de los que se saludan, el rasgueo de las guitarras que están ensayando los cantos de la Santa Misa, el correr de unos y otros, el ring, ring de los móviles…. y no hablemos de la vestimenta inapropiada, que haría enrojecer a cualquier alma que todavía no hubiera perdido la virtud del pudor. ¡Qué tristeza!, ¡qué vaciedad!, ¡qué locura!

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2º Domingo de Cuaresma (B) (25 febrero 2018)

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transfiguracion rafael

Mc 9:2-10

 “Pasados seis días, tomó Jesús a Pedro, a Santiago y a Juan, y los condujo solos a un monte alto y apartado y se transfiguró ante ellos”. 

  • Las cosas maravillosas que pueden ocurrir entre cada uno de nosotros y Cristo sólo acontecen “estando en un monte alto y apartado”. Necesitamos estar a solas con Jesús. Dicho de otro modo, descubrir y practicar la oración de verdad. ¡Cuántas cosas maravillosas nos perdemos por no orar a solas con Jesús”

“Sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como no los puede blanquear lavandero sobre la tierra”.

  • Jesús, hombre, no manifestaba a través de su cuerpo su divinidad, sino que más bien aparecía oculta, lo que se llama kenosis de Cristo. En esta ocasión, la gloria de su divinidad se manifestó corporalmente y algunos de los discípulos fueron capaces de contemplarlo.

“Rabí, bueno es estar aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, una para Moisés y una para Elías. No sabía lo que decía, porque estaban aterrados”.

  • Automáticamente fueron inundados de asombro, paz e incluso miedo. La presencia de Moisés y Elías, dos personajes centrales del Antiguo Testamento, representando la Ley (Moisés) y los Profetas (Elías) vienen a confirmar a Cristo como Mesías y Redentor.

“Se formó una nube que los cubrió con su sombra, y se dejó oír desde la nube una voz: Este es mi Hijo amado, escuchadle”.

  • Dios Padre también se hizo presente en este momento para confirmar a Cristo como su Hijo Amado y ratificar a los apóstoles en su fe en el Mesías.

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1er Domingo de Cuaresma (B) (18 febrero 2018)

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tentaciones 

Este miércoles pasado comenzábamos la Cuaresma con la celebración del Miércoles de Ceniza. Una celebración que nos recordaba la frugalidad de esta vida, la necesidad de estar en un permanente estado de conversión y la obligación de estar siempre preparados para entregar cuentas a Dios: “Recuerda que eres polvo y en polvo te has de convertir”

El Evangelio de este domingo anuncia como de pasada las tentaciones que Jesús sufrió en el desierto cuando, llevado por el Espíritu, estuvo durante cuarenta días haciendo ayuno y oración. Cuarenta días de preparación –como nuestra Cuaresma- para su misión pública, pasión y muerte en la cruz.

Y acabado ese corto relato de las tentaciones de Jesús, el evangelio nos recuerda la necesidad que tenemos todos de arrepentirnos, convertirnos y creer en la Buena Nueva. Este mensaje parece que cae en saco roto entre los católicos de hoy día. La mayoría de los católicos están pensando más en los carnavales que en su propia conversión y arrepentimiento. Y es que este mundo en el que vivimos, y que está controlado y dirigido por fuerzas diabólicas, nos ha puesto una venda ante nuestros ojos para que no nos demos cuenta del estado de nuestra alma y nos arrepintamos y sigamos a Cristo.

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6º Domingo del T.O. (B) (11 febrero 2018)

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curacionleproso

Mc 1:40-45

Y vino también a Él un leproso rogándole, e hincándose de rodillas, le dijo: "Si Tú quieres, puedes limpiarme". Jesús, compadeciéndose de él, extendió la mano, y tocándole, le dice: "Quiero; sé limpio". Y acabando de decir esto, al instante desapareció de él la lepra y quedó limpio. Y Jesús le despachó luego, conminándole y diciéndole: "Mira que no lo digas a nadie; pero ve, y preséntate al príncipe de los Sacerdotes, y ofrece por tu limpieza lo que Moisés mandó, para que esto les sirva de testimonio". Mas aquel hombre, así que salió, comenzó a publicar su curación, y a divulgarla por todas partes; de modo que ya no podía Jesús entrar manifiestamente en la ciudad, sino que andaba fuera por lugares solitarios, y acudían a El de todas partes”.

El leproso es escuchado por el Señor porque su oración cumple dos condiciones esenciales: humildad y fe. Este hombre se pone de rodillas ante Cristo y le suplica por su curación.

Es curioso que no le dice: “Señor, quiero que me cures” sino “Si quieres, puedes limpiarme”. Por supuesto que el enfermo deseaba ser curado, pero movido por la confianza, permite que sea el mismo Jesús quien tome la decisión de curarle o no. La actitud de Cristo no es otra que la que se puede esperar de quien nos ama: “Jesús, compadeciéndose de él…”

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5º Domingo del T.O. (B) (8 febrero 2015)

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(Mc 1: 29-39)

“En cuanto salieron de la sinagoga, fueron a la casa de Simón y de Andrés, con Santiago y Juan. La suegra de Simón estaba acostada con fiebre, y enseguida le hablaron de ella. Se acercó, la tomó de la mano y la levantó; le desapareció la fiebre y ella se puso a servirles. Al atardecer, cuando se había puesto el sol, comenzaron a llevarle a todos los enfermos y a los endemoniados. Y toda la ciudad se agolpaba en la puerta. Y curó a muchos que padecían diversas enfermedades y expulsó a muchos demonios, y no les permitía hablar porque sabían quién era. De madrugada, todavía muy oscuro, se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, y allí hacía oración. Salió a buscarle Simón y los que estaban con él, y cuando lo encontraron le dijeron: -Todos te buscan. Y les dijo: -Vámonos a otra parte, a las aldeas vecinas, para que predique también allí, porque para esto he venido. Y pasó por toda Galilea predicando en sus sinagogas y expulsando a los demonios.”

Este evangelio está plagado de detalles concretos de la vida del Señor. Nos vamos a limitar a enumerarlos pues se haría muy largo hablar de todos ellos.

  • Jesús estaba en Cafarnaún, por la mañana había ido a la sinagoga donde había predicado y curado al endemoniado.
  • Una vez que salió de la sinagoga fue con sus cuatro primero apóstoles (Pedro, Andrés, Santiago y Juan) a la casa de Pedro, donde se encontraron que su suegra estaba enferma.
  • Jesús la cura e inmediatamente ella se pone a servirles.
  • Al atardecer, una vez que se había puesto el sol, llegaron a la casa de Simón (Pedro) y Andrés multitud de personas, tantas que se agolpaban a la puerta. El evangelio nos dice que toda la ciudad de Cafarnaún estaba a la puerta de la casa esperando con sus enfermos… Jesús curó a muchos de ellos. Es curioso que el evangelio no dice que los curó a todos, sino a muchos de ellos.
  • Expulsó también los demonios de aquellos que estaban poseídos. Y a los demonios no les dejaba hablar, porque “sabían quién era Jesús”.
  • De madrugada, Jesús se fue a un lugar solitario a orar.
  • A primera hora de la mañana salió Pedro a buscarlo, pues habían muchos que estaban esperando a la puerta de su casa para que los siguiera curando; pero Jesús se marcha a otras aldeas para predicar, curar y expulsar a los demonios también allí.   

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4º Domingo del T.O. (B) (28 enero 2018)

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jesus expulsa demonios

(Mc 1: 21-28)

“Entraron en Cafarnaún y, en cuanto llegó el sábado, fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Y se quedaron admirados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene potestad y no como los escribas. Se encontraba entonces en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu impuro, que comenzó a gritar: -¿Qué tenemos que ver contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos? ¡Sé quién eres: el Santo de Dios! Y Jesús le conminó: -¡Cállate, y sal de él! Entonces, el espíritu impuro, zarandeándolo y dando una gran voz, salió de él. Y se quedaron todos estupefactos, de modo que se preguntaban entre ellos: -¿Qué es esto? Una enseñanza nueva con potestad. Manda incluso a los espíritus impuros y le obedecen. Y su fama corrió pronto por todas partes, en toda la región de Galilea”.

“…fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Y se quedaron admirados de su enseñanza…” Cuando el apóstol enseña lo mismo que Él y lo hace del mismo modo, entonces las gentes quedan maravilladas. Desgraciadamente ya hay pocos que hablan así, y menos en el nombre de Cristo.

Y el espíritu impuro habló a través del hombre poseído diciendo: “¿Qué tenemos que ver contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos? ¡Sé quién eres: el Santo de Dios!” Entre Dios y el demonio hay la misma separación que entre el bien y el mal. En cambio hoy día parece que todo se confunde, el bien ya no se ve y el mal se presenta como algo bueno. Cristo no era ni hablaba así, y los demonios lo sabían. Hoy, como consecuencia del “silencio” de los pastores, los demonios, que andan más sueltos que nunca, prefieren aparentar callados pues ven que así su triunfo es más fácil y rápido.

“Y Jesús le conminó: -¡Cállate, y sal de él! Entonces, el espíritu impuro, zarandeándolo y dando una gran voz, salió de él”. A Jesús no le gusta “dialogar” con el demonio, Él sencillamente lo expulsa. Sabe muy bien que dialogar con el demonio es una tentación y una falta de tiempo. El mal hay que destruirlo, eliminarlo. Dialogar con el demonio es firmar su propia sentencia de muerte”.

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