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XXI Domingo del T.O. (A) (27 agosto 2017)

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llaves

(Mt 16: 13-20)

San Pedro es quien recibe la misión directamente de Jesucristo de llevar adelante la Iglesia. Cristo le entregó personalmente esa potestad. Y queda claramente definido que lo que él, Pedro, ate o desate, quedará atado o desatado en el cielo.

1. Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia
Cristo no dice: "sobre estas piedras" edificaré mi Iglesia. San Pedro es el garante, el guardián de las llaves. Esta es una clara invitación a renovar nuestro amor incondicional al Santo Padre, vicario de Cristo en la tierra. Es el puente (pontífice) que nos lleva a Dios. Gran certeza gozamos al tener un guía asistido por el Espíritu Santo para llevar adelante a la Iglesia.

2. Las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella
A pesar de los contratiempos y de los azotes del mal tenemos la promesa de Cristo: "las puertas del infierno no pueden vencer". No pueden vencer ni en mi vida, ni en la vida de la Iglesia. El mal está presente en nuestro mundo, en nuestra vida misma, pero con Dios siempre hay un modo de vencer con el bien. La promesa de Cristo se hace presente día a día, no puede prevalecer el mal.

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XX Domingo del T.O. (A) (20 agosto 2017)

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mujercananea

La mujer cananea
(Mt 15: 21-28)

El evangelio de hoy nos habla de las principales propiedades que ha de tener nuestra oración para ser escuchada por Dios: humildad, fe y perseverancia.

Una mujer cananea se acercó a Jesús para hacerle una súplica muy importante: “Señor, Hijo de David, ten piedad de mí. Mi hija es atormentada por un demonio”. Pero Jesús no le respondió en absoluto.

                ¿En cuántas ocasiones cuando le pedimos algo a Jesús no nos oye a la primera? Tenemos que seguir insistiendo. La perseverancia de la oración es una propiedad muy importante para que ésta pueda tener éxito. El Señor nos lo dice así en otros lugares del evangelio: “Orad continuamente sin desfallecer” (Lc 18: 1-8)

Los discípulos intercedieron por esta mujer, más por egoísmo (para que no les siguiera molestando) que por verdadera misericordia. A pesar de ello la respuesta de Jesús también fue negativa: “Sólo he sido enviado a las ovejas perdidas de la casa de Israel”.

Por tercera vez la mujer se acercó a Jesús para pedirle de nuevo. En este caso la respuesta de Jesús fue aparentemente grosera y despiadada: “No es apropiado tomar la comida de los hijos y dársela a los perros”.

                Vemos en esta respuesta de Jesús la necesidad que tenemos de ser humildes cuando nos acerquemos a Él para hacerle una petición. No podemos “forzar” a Jesús aunque sí que podemos suplicarle que tenga misericordia (como lo hizo la Virgen María en las bodas de Caná).

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XIX Domingo del T.O. (A) (13 agosto 2017)

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JESÚS CAMINA SOBRE LAS AGUAS-1 Copiar

Jesús camina sobre las aguas
(Mt 14: 22-33)

"Y enseguida Jesús mandó a los discípulos que subieran a la barca y que se adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedirla, subió al monte a orar a solas. Cuando se hizo de noche seguía él solo allí. Mientras tanto, la barca ya se había alejado de tierra muchos estadios, sacudida por las olas, porque el viento le era contrario. En la cuarta vigilia de la noche vino hacia ellos caminando sobre el mar. Cuando le vieron los discípulos andando sobre el mar, se asustaron y dijeron: —¡Es un fantasma! —y llenos de miedo empezaron a gritar. Pero al instante Jesús les habló: —Tened confianza, soy yo, no tengáis miedo. Entonces Pedro le respondió: —Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. —Ven —le dijo él. Y Pedro se bajó de la barca y comenzó a andar sobre las aguas en dirección a Jesús. Pero al ver que el viento era muy fuerte se atemorizó y, al empezar a hundirse, se puso a gritar: —¡Señor, sálvame! Al instante Jesús alargó la mano, lo sujetó y le dijo: —Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado? Y cuando subieron a la barca se calmó el viento. Los que estaban en la barca le adoraron diciendo: —Verdaderamente eres Hijo de Dios."

Las tempestades en el lago de Genesaret son frecuentes: las aguas se arremolinan con grave peligro para las embarcaciones. El relato de Jesús andando sobre el mar lo relatan también San Marcos y San Juan. En cambio, San Mateo es el único que narra el caminar de San Pedro sobre las aguas.

El episodio muestra la grandeza y la debilidad de San Pedro, su fe y sus dificultades para creer: Dice Pedro: Mándame ir a ti sobre las aguas. (...) Y Él dijo: ¡Ven! Se bajó y pudo caminar sobre las aguas (...). Eso es lo que podía Pedro en el Señor. ¿Y qué podía en sí mismo? Sintiendo un fuerte viento, temió y comenzó a hundirse y exclamó: ¡Señor, perezco, líbrame! Presumió del Señor y pudo por el Señor, pero titubeó como hombre, y entonces se volvió hacia el Señor.

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XVIII domingo del T.O. (A) (6 de agosto de 2017)

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panes

Milagro de la multiplicación de los panes y los peces
(San Mateo 14: 13-21)

El relato evangélico de la multiplicación de los panes y los peces en S. Mateo comienza con la reacción de Jesús cuando se enteró que Juan Bautista había sido decapitado por Herodes: “Jesús se alejó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado”.

El Señor estaba triste y conmovido por la muerte de su primo Juan, quería estar solo y meditar.

“Pero cuando llegó a la otra orilla, una multitud se reunió junto a Él y sus discípulos”.

El Señor se olvidó de sí mismo para ocuparse de cuantos habían acudido a Él. Curó a los enfermos y se compadeció de todos.

Ante el sufrimiento y la necesidad de los demás, tenemos que hacer como Jesús: olvidarnos de nuestros problemas y atender a quien nos necesite.

Llegada la tarde los discípulos le dijeron a Jesús: “despide a la muchedumbre para que vayan a las aldeas y compren alimentos”

Los discípulos al ver a tanta gente que no había comido, optaron por la solución más fácil para ellos. “Que se vayan a las aldeas y compren comida”. Esta actitud de los discípulos es muy frecuente; en lugar de afrontar los problemas e intentar darle una solución, quitarse el problema de encima.

En cambio Jesús hace frente al problema: “Dadles vosotros de comer”.

Ante esta petición de Jesús los discípulos se vieron totalmente incapaces: “sólo tenemos cinco panes y dos peces”.

Les faltó fe. Si Jesús les había dicho que les dieran de comer es porque estaba en su mano poderlo hacer. ¡Cuántas cosas nos pide Jesús que hagamos, pero no nuestra falta de fe no se hacen!

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XVII Domingo del T.O. (A) (30 julio 2017)

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perla

La parábola del tesoro escondido y la perla preciosa
San Mateo 13: 44-52

«El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.» «También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra. «También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. «¿Habéis entendido todo esto?» Dícenle: «Sí.» Y él les dijo: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo.» 

Jesús nos llama la atención sobre la suerte incomparable y la ocasión única de ganar ese Reino. Encontrar un tesoro escondido era el sueño de muchos en la antigüedad. En una época sin bancos quedaba como único recurso seguro esconder la fortuna debajo de la tierra. Y si el poseedor murió sin desenterrarlo, un golpe de fortuna podía sacar a luz este tesoro.

El hombre en nuestra parábola parece ser un pobre jornalero. Él encuentra el tesoro, trabajando en un campo ajeno. Por eso tiene que vender todo lo que posee, para poder comprar el campo. Resuelta y alegremente aprovecha la única ocasión de salir de la miseria.

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XVI Domingo del T.O (A) (23 julio 2017)

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buenasemilla-cizana

Parábola de la buena semilla y la cizaña
(Mt 13: 24-43)

Con gran sencillez y profundidad, como era habitual en el Señor, Jesús nos expone este domingo una serie de verdades que el mundo de hoy día tiende a desconocer, olvidar o rechazar.

  • El mundo fue creado por Dios. Todo lo que Dios creó era bueno (Gen 1:25). Dios no ha creado el mal; fue el maligno quien lo sembró en el mundo y en el corazón del hombre.
  • El maligno vino, cuando el hombre estaba descuidado, y sembró la cizaña.
  • En esta vida, la buena semilla (plantada por Dios) y la cizaña cohabitan. No se puede acabar con la cizaña; por lo que hay que aprender a no ser afectado por la misma. La cizaña puede ahogarnos y acabar con nosotros; pero el hombre, ayudado por Dios, puede protegerse, crecer y dar fruto. Es imposible para el hombre vivir en un ambiente totalmente puro y bueno; lo que tiene que hacer es no contaminarse con la cizaña. Por otro lado, la cizaña es útil para el hombre; pues le afirma en su fe, le ayuda a compartir la cruz de Cristo y en una palabra, le hace decidirse entre el bien y el mal.
  • Al final de los tiempos Dios mandará a sus ángeles para quemar la cizaña y recoger el fruto dado por la buena semilla. Llegará un tiempo, cuando Dios venga a juzgar al hombre, examinará su corazón; y les dará premio o castigo que serán eternos.
  • La cizaña arderá en el fuego eterno, mientras que la buena semilla brillará como el sol en el reino de su Padre.El Señor nos habla claramente de la existencia del cielo y del infierno. El hombre de hoy día tiende a olvidar estas enseñanzas o a no creer en ellas; pero el hecho de no creer en ellas no quiere decir que no existan.

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XV Domingo del T.O. (A) (16 julio 2017)

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parabola del sembrador

La Parábola del Sembrador
(Mt 13: 1-23)

La Parábola del Sembrador aparece en tres de los Evangelios: San Mateo, San Marcos y San Lucas. En los tres evangelios, sus escritores inspirados por el Espíritu Santo presentan la parábola y su interpretación como fue dada por el Señor Jesús.

 Un sembrador salió a sembrar su semilla; y al sembrarla:

  • Una parte cayó junto al camino, y fue pisoteada y las aves del cielo se la comieron.
  • Otra parte cayó sobre la roca, y tan pronto como creció, se secó, porque no tenía humedad.
  • Otra parte cayó en medio de los espinos; y los espinos, al crecer con ella, la ahogaron.
  • Y otra parte cayó en tierra buena, y creció y produjo una cosecha a ciento por uno.
  • Necesitamos tener un corazón recto y bueno para poder dar mucho fruto.
  • El que tiene este tipo de corazón persevera en la doctrina de Cristo especialmente cuando vienen los conflictos.
  • Un corazón bueno es aquel que no cede ante las tentaciones y que no cambia de opinión cuando vienen los problemas.
  • Los verdaderos creyentes deben examinarse cada día, para evitar que sus corazones se contaminen, y así poder crecer y dar el fruto que Dios espera.

¿Quién es el sembrador? El sembrador es Dios. La semilla es la palabra de Dios. Sembrar la palabra es predicar las enseñanzas del Señor. La tierra somos nosotros, aquellos sobre quienes cae la semilla sembrada por Dios esperando que crezca y dé fruto.

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XIV Domingo del T.O. (A) (9 julio 2017)

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Venid-a-Mi

Mt 11: 25-30

25"En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños.26Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito.27Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.28«Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.29Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.30Porque mi yugo es suave y mi carga ligera."

“Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños”

Sólo si somos humildes "entenderemos" y aceptaremos las verdades de nuestra fe sin problema alguno. Pero si somos “sabios” y le preguntamos a Dios que nos dé explicaciones sobre las verdades reveladas, para entonces aceptarlas, es cuando no entenderemos nada. La fe exige primeramente la confianza en Dios. Y Dios nos ha dado pruebas suficientes para confiar en Él.

“Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.

¡Qué bellas son estas palabras y esta promesa de Jesús! ¿En cuántas ocasiones hemos intentado buscar la paz y la alegría lejos de Jesús? Sólo Jesús nos puede dar la paz; pero previamente tenemos que ir hacia Él.

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Domingo XIII del T.O. (A) (2 julio 2017)

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cruz2

El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá, y el que la perdiere por amor de mí, la hallará. El que os recibe a vosotros, a mí me recibe, y el que me recibe a mí, recibe al que a mí me envió. El que recibe al profeta como profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe al justo como justo, tendrá recompensa de justo; y el que diere de beber a uno de estos pequeños sólo un vaso de agua fresca en razón de discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa.

El Señor nos dice claramente en este pasaje cuáles han de ser los motivos que muevan al hombre:

  • No se puede poner a los padres por delante de Dios: A los padres debemos honrarles, quererles y estar agradecidos; sabiendo que su hubiera conflicto entre lo que Dios nos pide y lo que quieren nuestros padres, Dios iría antes.
  • Para seguir a Cristo hay que tomar previamente la cruz: Jesucristo nos dijo que su yugo era suave y su carga ligera; pero en ningún momento nos dijo que no nos costara trabajo. Es más, quien quiera buscar a Cristo y huya de la cruz que Él le ofrece, al final encontrará la cruz, pero sin Cristo clavado a ella.
  • Quien quiera ser feliz tendrá que dejar todo por amor a Cristo: La razón es muy sencilla. Uno es capaz de dejar algo si realmente ama a la persona que se lo pide. El sacerdote renuncia a vivir su propia vida, formar una familia, tener una profesión…, y todo esto lo hace por amor a Cristo.

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Domingo XII del T.O. (A) (25 junio 2017)

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cristianosperseguidos

“En el mundo encontraréis tribulación, pero recordad: Yo he vencido al mundo”

(Mt 10: 26-33)

“No los temáis, pues, porque nada hay oculto que no llegue a descubrirse, ni secreto que no venga a conocerse. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, predicadlo sobre los terrados. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, que el alma no pueden matarla; temed más bien a aquel que puede perder el alma y el cuerpo en la Gehenna. ¿No se venden dos pajaritos por un as? Sin embargo, ni uno de ellos cae a tierra sin la voluntad de vuestro Padre. Cuanto a vosotros, aun los cabellos todos de vuestra cabeza están contados. No temáis, pues. ¿No aventajáis vosotros a los pajaritos? Pues todo el que me confesare delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre, que está en los cielos; pero a todo el que me negare delante de los hombres, yo le negaré también delante de mi Padre, que está en los cielos”.

En los versículos anteriores, el Señor les había dicho a los Apóstoles que los mandaba como ovejas en medio de lobos; pero que no deberían tener miedo, pues Él siempre estaría con ellos hasta la consumación del mundo. Además, si me persiguieron a mí, también os perseguirán a vosotros.

La persecución del apóstol cristiano fiel siempre fue habitual en la Iglesia; y es lógico, pues el mundo le pertenece a Satanás y ¡qué cosa más normal de Satanás persiga a Dios y a los que son de Dios! Por eso, si el mundo aplaude a un apóstol es porque no les muestra las auténticas enseñanzas de Cristo, sino las suyas propias.

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Solemnidad de la Santísima Trinidad (A) (11 junio 2017)

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Celebramos hoy la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Este es el misterio central y más importante de nuestra fe cristiana. Por él creemos que hay un solo Dios en tres personas divinas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Todos los demás misterios de nuestra fe penden de él.

Los llamamos misterios de nuestra fe, porque a pesar de haber sido revelados por Dios, siguen siendo oscuros (misteriosos). En el misterio de la Santísima Trinidad se nos revela que hay un solo Dios en tres personas, pero nuestro entendimiento no es capaz de entenderlo por las meras luces humanas. El hombre, ayudado de su razón y a través de la fe y la gracia, puede intentar penetrar en el misterio y dar algo de luz al mismo; pero nunca será capaz de terminar de entenderlo en este mundo.

¿Por qué creemos en los misterios revelados por Dios? Porque es el mismo Dios directamente, a través de la Sagrada Escritura o de la Tradición de la Iglesia, quien nos lo ha revelado. Y puesto que Dios es bueno, omnisciente… no puede engañarse ni engañarnos. Así pues, nosotros aceptamos esos misterios por la autoridad que los revela: Dios mismo.

Entre los misterios de nuestra fe, los más importantes son: el misterio de la Santísima Trinidad, el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, la Eucaristía, la Resurrección de Jesucristo, los milagros, la resurrección final, la Concepción Inmaculada de la Virgen, la Asunción de la Virgen a los cielos en cuerpo y alma, y muchos más.

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