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     - De lunes a viernes: 7:30 y 18:30

     - Sábado por la mañana: 7:30

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- Adoración: Martes de 8:00 a 18:15

   - Bendición: Martes de 18:15 a 18:25  

- Adoración: Jueves de 8:00 a 18:15

   - Bendición: Jueves de 18:15 a 18:25

Domingo XII del T.O. (B) (24 junio 2018)

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tempestad

(Mc 4: 35-41)

“Aquel día, llegada la tarde, les dice: -Crucemos a la otra orilla. Y, despidiendo a la muchedumbre, le llevaron en la barca tal como estaba. Y le acompañaban otras barcas. Y se levantó una gran tempestad de viento, y las olas se echaban encima de la barca, hasta el punto de que la barca ya se inundaba. Él estaba en la popa durmiendo sobre un cabezal. Entonces le despiertan, y le dicen: -Maestro, ¿no te importa que perezcamos? Y, puesto en pie, increpó al viento y dijo al mar: -¡Calla, enmudece! Y se calmó el viento y sobrevino una gran calma. Entonces les dijo: -¿Por qué os asustáis? ¿Todavía no tenéis fe? Y se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: -¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?”

“Aquel día, llegada la tarde, les dice: -Crucemos a la otra orilla. Y, despidiendo a la muchedumbre, le llevaron en la barca tal como estaba.

  • Después de un día de trabajo duro, Jesús necesita descansar y que sus discípulos también lo hagan.
  • Es bueno, cuando planifiquemos nuestro descanso, que Jesús también esté con nosotros. Especialmente ahora, que se acercan las vacaciones. ¡En cuántas ocasiones cuando hacemos nuestros planes de descanso no contamos con Jesús, con la Misa del domingo…! Da la impresión como que también hacemos “vacaciones de nuestra fe”. Y a veces no es sólo impresión, sino que realmente pasamos unas vacaciones totalmente paganas: playa, fiesta, siesta, buena comida… pero no hay tiempo alguno para Dios.
  • Hace años me encontré a un sacerdote que estaba en una parroquia vecina a una de las mías y que venía de vacaciones. Le pregunté cómo le había ido y me dijo que “de maravilla”. Al preguntarle dónde había celebrado la Santa Misa me respondió: “¡Hombre, si estaba de vacaciones!”

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Domingo XI del T.O. (B) (17 junio 2018)

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arbol-de-mostaza

“El Reino de Dios viene a ser como un hombre que echa la semilla sobre la tierra, y, duerma o vele noche y día, la semilla nace y crece, sin que él sepa cómo. Porque la tierra produce fruto ella sola: primero hierba, después espiga y por fin trigo maduro en la espiga. Y en cuanto está a punto el fruto, enseguida mete la hoz, porque ha llegado la siega. Y decía: -¿A qué se parecerá el Reino de Dios?, o ¿con qué parábola lo compararemos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra; pero, una vez sembrado, crece y llega a hacerse mayor que todas las hortalizas, y echa ramas grandes, hasta el punto de que los pájaros del cielo pueden anidar bajo su sombra. Y con muchas parábolas semejantes les anunciaba la palabra, conforme a lo que podían entender; y no les solía hablar nada sin parábolas. Pero a solas, les explicaba todo a sus discípulos”.

Jesús hace una comparación del Reino de Dios con un hombre que echa una semilla en su campo. Si la semilla y la tierra son buenas Dios hará crecer la semilla, y ésta dará fruto a su debido tiempo, aunque el hombre no sepa cómo.

Dios nos da la gracia y Él mismo la hace crecer. Nuestra función es no poner obstáculo a su crecimiento. Nuestros pecados y nuestra mediocridad actúan como cizaña que no deja crecer el trigo, o si crece no lo hace como Dios esperaba. En cambio, si no ponemos obstáculos, esa semilla crecerá mucho, cual grano de mostaza, y se transformará en un gran árbol.

El Señor también dice que nuestra fe ha de ser como un grano de mostaza. La semilla de la mostaza es una de las más pequeñas, pero cuando crece se transforma en un árbol gigante. 

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Domingo X del T. O. (B) (10 junio 2018)

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elpecadoquedionoperdona

(Mc 3: 20-35)

Entonces llegó a casa; y se volvió a juntar la muchedumbre, de manera que no podían ni siquiera comer. Se enteraron sus parientes y fueron a llevárselo porque decían que había perdido el juicio.

Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: -Tiene a Beelzebul, y expulsa los demonios por el príncipe de los demonios.

Y convocándolos les decía con parábolas: -¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido en su interior, ese reino no puede sostenerse; y si una casa está dividida en su interior, esa casa no podrá sostenerse. Y si Satanás se levanta contra sí mismo, entonces se encuentra dividido y no puede sostenerse, sino que ha llegado su fin. Pues nadie puede entrar en la casa de uno que es fuerte y arrebatarle sus bienes, si antes no ata al que es fuerte. Sólo entonces podrá arrebatarle su casa.

»En verdad os digo que todo se les perdonará a los hijos de los hombres: los pecados y cuantas blasfemias profieran; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo jamás tendrá perdón, sino que será reo de delito eterno. Porque ellos decían: -Tiene un espíritu impuro.

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Solemnidad del Corpus Christi (3 junio 2018)

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Corpus-Christi Copiar
«Mi carne es verdadera comida,
y mi Sangre verdadera bebida;
el que come mi Carne, y bebe mi Sangre,
en Mí mora, y Yo en él.» 
(Jn 6, 56-57)

Esta fiesta se comenzó a celebrar en Lieja en 1246, siendo extendida a toda la Iglesia occidental por el Papa Urbano IV en 1264, teniendo como finalidad proclamar la fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Presencia permanente y substancial más allá de la celebración de la Misa y que es digna de ser adorada en la exposición solemne y en las procesiones con el Santísimo Sacramento que entonces comenzaron a celebrarse y que han llegado a ser verdaderos monumentos de la piedad católica. Este es el día de la Eucaristía en sí misma, ocasión para creer y adorar, pero también para conocer mejor la riqueza de este misterio a partir de las oraciones y de los textos bíblicos.

 El Espíritu Santo después del dogma de la Trinidad nos recuerda el de la Encarnación, haciéndonos festejar con la Iglesia al Sacramento por excelencia, que, sintetizando la vida toda del Salvador, tributa a Dios gloria infinita, y aplica a las almas, en todos los tiempos, los frutos  extraordinarios de la Redención.  Si Jesucristo en la cruz nos salvó, al instituir la Eucaristía la víspera de su muerte, quiso en ella dejarnos un vivo recuerdo de la Pasión. El altar viene siendo como la prolongación del Calvario, y la misa anuncia la muerte del Señor. Porque en efecto, allí está Jesús como víctima, pues las palabras de la doble consagración nos dicen que primero se convierte el pan en Cuerpo de Cristo, y luego el vino en Su Sangre, de manera que, ofrece a su Padre, en unión con sus sacerdotes, la sangre vertida y el cuerpo clavado en la Cruz.

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Solemnidad de la Santísima Trinidad (B) (27 mayo 2018)

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Santisma Trinidad 3

(San Mateo 28: 16-20)

Definimos el Misterio de la Santísima Trinidad como nuestra fe en la existencia de un solo Dios en tres Divinas Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. 

Dios nos reveló en qué consistía el misterio, pero no el misterio en sí mismo. En otras palabras, sabemos que hay un solo Dios en tres Personas, pero no entendemos cómo eso puede ser posible. Es por esa razón que le seguimos llamando “misterio”. Tendremos que esperar al cielo para conocer algo más sobre ese misterio de la Santísima Trinidad.

La teología es la ciencia que trata de profundizar y explicar (hasta donde se puede) las verdades de nuestra fe. Es por ello que la teología se preocupa de “explicarnos” o dar un poco de luz al contenido de este misterio trinitario.

“Explicación del Misterio Trinitario”:Supongamos que te miras en un espejo. Ves una imagen de ti mismo que es casi perfecta. Sólo le falta una cosa: la vida. Es solamente un reflejo en el cristal del espejo. Pero si esa imagen saliera del espejo y se pusiera a tu lado, entonces realmente sería una imagen perfecta. Habrían dos personas pero una sola mente y una sola voluntad, compartiendo los mismos conocimientos y pensamientos. Decimos que el Hijo es la imagen perfecta del Padre, y como una de las perfecciones del Padre es “existir”, el Hijo no sería una imagen perfecta si no existiera.

Después de que esa imagen estuviera formada en el espejo, aparecería un amor ardiente del uno al otro. Este amor sería una tercera persona diferente de ti y de tu imagen en el espejo; pero en realidad sólo habría una naturaleza humana. 

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Solemnidad de Pentecostés (B) (20 mayo 2018)

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Pentecostes52

Jn 20: 19-23

“Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.» Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.» Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»”

Celebramos hoy la Solemnidad de Pentecostés.

Cincuenta días después de la Resurrección de Jesucristo, y diez días después de su Ascensión, Jesús, como había prometido, nos mandó su Espíritu para que se hiciera realidad en nosotros la nueva vida que Él nos había conseguido a través de su muerte y resurrección

En aquel tiempo fueron los apóstoles y la Virgen María quienes, reunidos en el Cenáculo, recibieron el Espíritu Santo.  Ahora, somos nosotros quienes le recibimos a través de los sacramentos.

Con el Espíritu Santo recibimos una nueva vida, la vida sobrenatural, que nos hace hijos de Dios por adopción, receptores de sus dones y frutos (Gal 5:22-23). El Espíritu Santo es para nuestras almas lo que el corazón es para nuestro cuerpo. Sin corazón no podemos vivir; pues sin el Espíritu Santo en nosotros estamos “espiritualmente muertos”. Por la gracia santificante que nos da el Espíritu somos hechos hijos de Dios; y como hijos, herederos del premio eterno del cielo.

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Solemnidad de la Ascensión (B) (13 mayo 2018)

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jesus christ ascension C

(San Marcos 16: 15-20)

Celebramos hoy la Solemnidad de la Ascensión del Señor a los cielos. Fiesta que en años anteriores se solía celebrar en jueves, pero que por motivos pastorales se suele trasladar al siguiente domingo.

Tal día como hoy, Jesús, después de haberse encarnado y permanecer con nosotros durante más de treinta años, volvía al Seno del Padre. Desde entonces, Jesús ya no estará físicamente presente entre nosotros hasta que lo volvamos a ver de nuevo en su Segunda Venida al final de los tiempos cuando venga a consumar este mundo y celebrar el Juicio Final.

Pero a pesar de que Jesús se marchó, Él siempre ha permanecido con nosotros, cumpliendo así su promesa: “Yo estaré con vosotros para siempre hasta la consumación del mundo” (Mt 28:20b); pero esta presencia ya no es física, aunque sí es real: a través del sacramento de la Eucaristía.

Mientras que esperamos su vuelta, Él nos dio muchas misiones que cumplir: bautizar a todas las gentes (Mc 16:16); renovar el sacrificio eucarístico (Lc 22:19), perdonar los pecados (Jn 20:23), predicar la buena nueva a todas las gentes (Mc 16:15) …

Para cumplir esta misión el mismo Jesús eligió a doce apóstoles y les dijo que guardaran todo lo que Él les había enseñado (Mt 28:20). Al mismo tiempo, nos dijo a nosotros que teníamos que escuchar a sus apóstoles (y sucesores), pues era lo mismo que escucharle a Él (Lc 10:16). Y  nos hizo la promesa de enviarnos al Espíritu Santo (Pentecostés) para que Él nos recordara, enseñara… todo y al mismo tiempo nos diera la gracia para ser fieles a Dios.

Este es el tiempo en el que vivimos nosotros. Nosotros somos los que tenemos que cumplir todas estas enseñanzas y mandatos de Jesús; al tiempo que nuestro corazón permanece anhelante hasta que lo veamos de nuevo en su Segunda Venida y nos lleve con Él definitivamente a los cielos.

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6º Domingo de Pascua (B) (6 mayo 2018)

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1last supper

(Jn 15: 9-17)
Amar como Cristo nos ama

Es al final de la vida pública del Señor, en el discurso de la Última Cena, cuando Él nos da el Mandamiento Nuevo: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” (Jn 13, 34).

Con este nuevo mandamiento, el amor al prójimo alcanza su más profunda dimensión. Ya no es el hombre la medida del amor a los demás, sino el amor que Jesucristo le tiene. Un amor que ya no era puramente humano, sino que está sobrenaturalizado por el poder del Espíritu Santo.

Con ello, el amor del hombre adquiere una nueva dimensión que hasta entonces había sido totalmente impensable e imposible de cumplir. Impensable, pues teníamos que amar al modo divino-humano; e imposible, porque para ello necesitábamos la gracia; es decir el poder del Espíritu Santo. Sólo ahora es cuando se entiende que es posible dar la vida por amor, incluso por los enemigos; pues en realidad ya no hay enemigos. “Nadie demuestra mayor amor que aquél que da la vida por sus amigos”(Jn 15:13).

Cuando el cristiano de hoy día sustituye el término “caridad” por el de “solidaridad” en las relaciones con sus semejantes, lo que está haciendo en realidad es dar un paso atrás. Abandona el Mandamiento Nuevo para volver a la Ley Mosaica. Esta es una manifestación más del rechazo que el cristiano de hoy tiene de los preceptos y modos de vivir propiamente cristianos, para volver a vivir una ética puramente naturalista, donde ya no se cree en lo sobrenatural, y donde todo queda reducido a este mundo terreno.

Sólo el cristiano de verdad es capaz de amar así, “como Cristo nos amó”.

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5º Domingo de Pascua (B) (29 abril 2018)

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vidsarmientos

Jn 15: 1-8

Parábola de la vid y los sarmientos

“Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. Todo sarmiento que en mí no da fruto lo corta, y todo el que da fruto lo poda para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado.

  • Jesucristo se identifica como la vid a la cual hemos de estar unidos para dar fruto. Su Padre es el labrador que cuida de nosotros.
  • Si no damos fruto somos cortados y echados al fuego.
  • Aquellos que dan fruto son podados para que den más fruto.

Permaneced en mí y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada.

  • Permaneced en mí, significa estar unidos a Cristo a través de la fe, la gracia y las buenas obras.
  • Si no estamos unidos a Él no podremos dar fruto verdadero. ¡Cuántos hombres viven toda su vida separados de Cristo! En esta vida nunca darán fruto a los ojos de Dios. En la vida futura lo único que les espera es ser cortados y arrojados al fuego.
  • Sin Cristo no podemos hacer nada.

Si alguno no permanece en mí es arrojado fuera, como los sarmientos, y se seca; luego los recogen, los arrojan al fuego y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y se os concederá.

  • El Señor nos da la clave para que nuestra oración sea escuchada: permanecer unidos a Él. Si así lo hacemos: “pedid lo que queráis y se os concederá”.

En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto y seáis discípulos míos”.

  • Si estamos unidos a Él daremos fruto. Y si damos fruto, también daremos gloria a Dios.

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4º Domingo de Pascua (B) (22 abril 2018)

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buen pastor

Jn 10: 11-18

“Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por sus ovejas. El asalariado, el que no es pastor y al que no le pertenecen las ovejas, ve venir el lobo, abandona las ovejas y huye -y el lobo las arrebata y las dispersa-, porque es asalariado y no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor, conozco las mías y las mías me conocen. Como el Padre me conoce a mí, así yo conozco al Padre, y doy mi vida por las ovejas. Tengo otras ovejas que no son de este redil, a ésas también es necesario que las traiga, y oirán mi voz y formarán un solo rebaño, con un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida para tomarla de nuevo. Nadie me la quita, sino que yo la doy libremente. Tengo potestad para darla y tengo potestad para recuperarla. Éste es el mandato que he recibido de mi Padre”.

Jesucristo instituyó pastores (Iglesia docente) y ovejas (Iglesia discente) en la Iglesia fundada por Él. Esta estructura no se puede cambiar, pues así lo determinó Él. Los pastores son también parte del rebaño, pero su misión es distinta. Un rebaño necesita de un pastor para que las ovejas no se descarríen. Cuando el pastor no ejerce sus funciones entonces se produce el caos entre las ovejas. Del hecho de que el pastor sea bueno o malo depende que muchos se salven o se condenen.

El Señor nos habla también en esta alegoría de cuáles han de ser las cualidades del buen pastor. Estas no han de ser otras que las mismas que tiene el Buen Pastor, Jesucristo. El pastor ha de actuar, pensar y vivir como Jesucristo.

-          El Buen Pastor va por delante de sus ovejas, eso quiere decir dar ejemplo. Como decía San Agustín: “Haz lo que puedas, y lo que no puedas, pídelo”. Se echa de menos cuando el pastor no va delante, incluso a veces no está ni junto a sus ovejas.

-          Las ovejas conocen la voz del pastor y le siguen. La voz de Dios la escuchamos en la intimidad de la oración y también a través de las Escrituras Pero no sigue al asalariado. El mal pastor sólo busca sacar provecho de las ovejas

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3er Domingo de Pascua (B) (15 abril 2018)

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caminoemaus

Lc 24: 35-48

Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.

Las experiencias que nosotros tenemos cuando estamos junto a Jesús pueden ser de mucha utilidad para otras personas.

Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.»

Cuando el Señor resucitado se presenta ante sus apóstoles y muchos otros, el evangelio lo suele hacer siempre de un modo un tanto “misterioso”: “se presentó en medio de ellos”, “estando las puertas cerradas se presentó en medio de ellos”, “lo reconocieron al partir el pan”; como queriendo hacer notar que el cuerpo resucitado de Jesucristo tenía unas propiedades especiales sobre las cuales no nos da más detalles.

Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero él les dijo: «¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo.» Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies.

A pesar de que Jesús le pregunta ¿por qué dudáis? Él se abaja y les enseña las manos y los pies que estaban traspasados por los agujeros de los clavos; incluso luego les ofrece que le palpen para que comprueben que no es un fantasma, sino que tiene carne y huesos.

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