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3er Domingo del T.O. (B) (21 enero 2018)

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primeros discipulos

Mc 1: 14-20

Después de haber sido apresado Juan, vino Jesús a Galilea predicando el Evangelio de Dios, y diciendo: -El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está al llegar; convertíos y creed en el Evangelio. Y, mientras pasaba junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, que echaban las redes en el mar, pues eran pescadores. Y les dijo Jesús: -Seguidme y haré que seáis pescadores de hombres. Y, al momento, dejaron las redes y le siguieron. Y pasando un poco más adelante, vio a Santiago el de Zebedeo y a Juan, su hermano, que estaban en la barca remendando las redes; y enseguida los llamó. Y dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se fueron tras él.

El relato de la llamada a los primeros discípulos se encuentra en los cuatro evangelios, lo cual nos permite inferir, antes aún de su lectura, que tuvo un valor significativo e importante para las primeras comunidades cristianas.

El texto evangélico, si hacemos un estudio teniendo en cuenta los cuatro evangelios paralelos, comienza describiendo en forma sintética la predicación de Jesús:

 - la gente se reunía en multitudes para escuchar a Jesús (evidentemente sus primeras curaciones habían despertado el interés del pueblo en conocerlo, ver Lc. 4, 40. 42)

- la disposición de Jesús para enseñar (los evangelios nos dan varios ejemplos de situaciones similares, una multitud que sigue a Jesús y El que les dedica tiempo para enseñarles)

- la capacidad de Jesús de "ver" en las situaciones que vive. Esta mirada atenta de Jesús, que en este relato es capaz de fijar la atención en Pedro y sus compañeros (en los cuatro relatos se aprecia esta actitud de Jesús) es una constante que aparece en su práctica. Su mirada le permite "ver" donde otros no ven y descubrir personas y situaciones relacionadas con el Reino y la voluntad de su Padre. En este caso la capacidad de "ver" a estos sencillos pescadores (¿no habría muchos otros en la costa? Sabemos que el lago era la fuente de provisión de pescado de Palestina, en sus costas se procesaba el mismo para distribuirlo hacia otras regiones) tiene como consecuencia el llamado a los primeros seguidores y la constitución de la comunidad itinerante de discípulos, una de las características más claras de la pedagogía de Jesús.

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2º Domingo del T.O. (B) (14 enero 2018)

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llamada san pedro

1 Cor 6: 17-20

¡Huid de la fornicación! Todo pecado que comete el hombre queda fuera de su cuerpo; mas el que fornica, peca contra su propio cuerpo. ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis?

La segunda lectura del día de hoy nos habla de un pecado muy grave pero que hoy día se ha hecho tan común que prácticamente nadie se confiesa de Él. San Pablo nos habla de la gravedad de la fornicación y al mismo tiempo nos da las razones por las cuales no debemos cometer ese pecado: ¿Acaso no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?

Jn 1: 35-42

Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: «He ahí el Cordero de Dios.» Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: «¿Qué buscáis?» Ellos le respondieron: «Rabbí - que quiere decir, "Maestro" - ¿dónde vives?» Les respondió: «Venid y lo veréis.» Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima. Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. Este se encuentra primeramente con su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías» - que quiere decir, Cristo. Y le llevó donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas» - que quiere decir, "Piedra".

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El Bautismo de Jesús (B) (7 enero 2018)

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bautismo jesus

Jesús avanza decidido entre el grupo de peregrinos que viene de Galilea; se coloca ante Juan que lo reconoce, y comienza un breve diálogo. Jesús ha llegado al Jordán para ser bautizado por Juan. Pero éste se resiste diciendo: "Soy yo quien necesita ser bautizado por ti, ¿cómo vienes tú a mí?"

El Bautista dirá más tarde que no le conocía. No le conocía como Mesías y portador del bautismo de fuego y del Espíritu Santo, pero le conoce como pariente, al menos de oídas, por las palabras de su madre Isabel y de su padre Zacarías. Sabe que Jesús es justo, que no hay pecado en Él, que reza, que ama a Dios, que ama a su padres. Quizá sabe más cosas, pero no lo sabe todo, pues el silencio de la vida oculta se extiende tanto a los cercanos en los lazos de sangre, como en los espirituales. Respondiendo Jesús le dijo: "Déjame ahora; así es como debemos nosotros cumplir toda justicia. Entonces Juan se lo permitió".

Y cumple Jesús toda justicia. Desciende a las aguas ante Juan. En aquellos momentos el inocente de todo pecado asume todos los pecados de los hombres. Los pecados de los hombres caen sobre sus espaldas, y los asume haciéndose pecado, como si fuesen suyos, sin serlo. Esta decisión libre le costará sangre y sudor, amor difícil, amor total que llegará a estar crucificado.

Al salir Jesús del agua sucede el gran acontecimiento: Dios se manifiesta. "Inmediatamente después de ser bautizado, Jesús salió del agua; y he aquí que se le abrieron los Cielos, y vio al Espíritu de Dios que descendía en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz del Cielo que decía: Este es mi Hijo, el amado, en quien me he complacido"

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Fiesta de la Sagrada Familia (B) (31 diciembre 2017)

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sagrada familia

(Lc 2; 22-40)

En el evangelio de hoy vemos claramente cuatro partes:

La primera parte habla del deseo de José y María de cumplir con lo que la ley judía prescribía: “Y cumplidos los días de su purificación según la Ley de Moisés lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está mandado en la Ley del Señor: "Todo varón primogénito será consagrado al Señor"; y para presentar como ofrenda "un par de tórtolas o dos pichones", según lo mandado en la Ley del Señor.

La segunda parte habla de la profecía de Simeón: Había recibido la revelación del Espíritu Santo de que no moriría antes de ver al Cristo del Señor. “…Simeón vino al Templo movido por el Espíritu. Y al entrar los padres con el niño Jesús, para cumplir lo que prescribía la Ley sobre él, lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo…”

  • El contenido de esta profecía es el siguiente: “Mira, éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel, y para signo de contradicción -y a tu misma alma la traspasará una espada-, a fin de que se descubran los pensamientos de muchos corazones”. Con ello estaba profetizando cuál sería la misión de Cristo (ser ruina y resurrección para muchos, y también ser signo de contradicción).  Frente al cristianismo actual que está lleno de concesiones y cobardía, el mensaje de Cristo y su persona es siempre “signo de contradicción”.
  • Y qué es lo que le ocurriría a María: “tu alma será traspasada por una espada para que así se descubran los pensamientos de muchos corazones”. María vería a su Hijo condenado por su propio pueblo, abofeteado, coronado de espinas, clavado en la cruz, despreciado por todos y en aparente fracaso. Demasiado para ella. Este sufrimiento de María abriría el corazón de muchos.

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Fiesta de la Sagrada Familia (C) (30 diciembre 2018)

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sagrada familia

(Lc 2; 22-40)

En el evangelio de hoy vemos claramente cuatro partes:

La primera parte habla del deseo de José y María de cumplir con lo que la ley judía prescribía: “Y cumplidos los días de su purificación según la Ley de Moisés lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está mandado en la Ley del Señor: "Todo varón primogénito será consagrado al Señor"; y para presentar como ofrenda "un par de tórtolas o dos pichones", según lo mandado en la Ley del Señor.

La segunda parte habla de la profecía de Simeón: Había recibido la revelación del Espíritu Santo de que no moriría antes de ver al Cristo del Señor. “…Simeón vino al Templo movido por el Espíritu. Y al entrar los padres con el niño Jesús, para cumplir lo que prescribía la Ley sobre él, lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo…”

  • El contenido de esta profecía es el siguiente: “Mira, éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel, y para signo de contradicción -y a tu misma alma la traspasará una espada-, a fin de que se descubran los pensamientos de muchos corazones”. Con ello estaba profetizando cuál sería la misión de Cristo (ser ruina y resurrección para muchos, y también ser signo de contradicción).  Frente al cristianismo actual que está lleno de concesiones y cobardía, el mensaje de Cristo y su persona es siempre “signo de contradicción”.
  • Y qué es lo que le ocurriría a María: “tu alma será traspasada por una espada para que así se descubran los pensamientos de muchos corazones”. María vería a su Hijo condenado por su propio pueblo, abofeteado, coronado de espinas, clavado en la cruz, despreciado por todos y en aparente fracaso. Demasiado para ella. Este sufrimiento de María abriría el corazón de muchos.

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IV Domingo de Adviento (B) (24 diciembre 2017)

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anunciacion

(San Lucas 1, 26-37)

Estamos ya a las puertas de la Navidad. La Iglesia nos presenta en el evangelio de hoy el episodio de la Anunciación a la Virgen María de que iba a ser la Madre de Dios. Es, quizás, el momento clave más importante de la historia del hombre; cuando el Hijo (segunda Persona de la Santísima Trinidad) se encarna en el seno de una mujer virgen, adquiriendo de ese modo una perfecta naturaleza humana. Desde ese momento, y ya para toda la eternidad, la segunda Persona de la Santísima Trinidad, será Dios y Hombre.

El hecho de que el Hijo se hiciera hombre, no sólo le abrió al hombre las puertas del cielo, a través de su muerte y resurrección, sino que también le enseñó al hombre a amar a Dios; se constituyó para todos nosotros en modelo y ejemplo (Jn 13, 15, Jn 11, 25-26); y es desde entonces camino, verdad y vida (Jn 14,6) , y el único camino para llegar al Padre (1 Jn 2, 22-23).

Así pues, la Encarnación del Hijo de Dios en el seno de María es el comienzo de una nueva vida, es la posibilidad para el hombre de ponerse de nuevo en paz con Dios, es en el fondo la causa principal de alegría para un cristiano. Dios ya no está lejos de nosotros, desde ese momento, Dios ya está con nosotros.

El evangelio de la Encarnación del Hijo de Dios es el preludio de su Nacimiento. Es el comienzo de la alegría del cristiano. Es en definitiva, el triunfo del poder de Dios sobre el demonio; y con él, el triunfo del hombre.

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III Domingo de Adviento (B) (17 diciembre 2017)

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san juan bautista

El evangelio de hoy nos presenta la figura de San Juan Bautista, el Precursor. Su aspecto impone: va vestido con pieles de camello y se ciñe con un cinturón de cuero; además se alimenta con saltamontes y miel silvestre, y viene del desierto predicando, con voces terribles, la conversión y la penitencia.

Pero no os fijéis demasiado en su aspecto porque pensaréis equivocadamente sobre el Bautista. El Bautista era un santo -el mayor de los nacidos de mujer, dijo Jesús-, y ya se sabe que los santos son siempre niños. Y esto es más real que la dureza de sus gritos, de sus reconvenciones y de sus vestidos. Yo me imagino sus ojos, que serían, como son siempre los de los santos, igual que los de un niño que aún no ha aprendido a mentir: totalmente transparentes, descubriendo en su fondo la belleza de los mares azules y sin orillas, la belleza terrible de Dios. De vez en cuando hasta se aturde y tiembla y no sabe qué hacer: Soy yo quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Y forcejeaba con Jesús (Mt 3:14). Alguna vez sus dudas y temores fueron grandes, como cuando envió desde la cárcel a algunos de sus discípulos a  preguntarle a Jesús ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?Igual que nos ocurre a nosotros, que unas veces vemos las cosas con mucha claridad, y otras, en cambio, oscuramente; a veces nos sentimos muy seguros y, lo mismo que el Bautista, señalamos a los hombres con decisión el paso de Jesús; pero otras nos sentimos angustiados, aun en medio de la seguridad de la fe, y tenemos que acudir a Jesús para gritarle con el corazón y con la boca si es Él verdaderamente y no tenemos que esperar a otro.

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II Domingo de Adviento (B) (10 diciembre 2017)

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juan-el-bautista

La Misión de Juan el Bautista

(Mc 1: 1-8)

Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Conforme está escrito en Isaías el profeta: Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino. Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas, apareció Juan bautizando en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados. Acudía a él gente de toda la región de Judea y todos los de Jerusalén, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Juan llevaba un vestido de pie de camello; y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»

El mensaje de Juan el Bautista en el desierto tenía dos partes esenciales:

La primera, de preparación del corazón. Una preparación que exigía la conversión y el arrepentimiento de los pecados. Es imposible recibir a Cristo si nuestro corazón sigue mundanizado, paganizado, sucio. Es necesario tomar conciencia de nuestra situación moral y ser valientes para dejar atrás todo lo que nos separa de Dios. ¡Con qué frecuencia nos engañamos! ¡Con qué frecuencia justificamos nuestra mala conducta!

El reconocimiento de la propia situación moral es necesario para que pueda haber arrepentimiento. Y si no hay arrepentimiento tampoco hay conversión.

La segunda parte es de aceptación de la gracia de Dios. Una vez que nuestro corazón está preparado, limpio y desapegado, es cuando está listo para que Dios los transforme, amplíe y llene. Él lo hace a través del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el que va actuando en nuestro corazón y lo va santificando.

La Iglesia nos pide en estos días de preparación para la venida de Jesucristo que nos confesemos. Una vez limpios, tengamos una actitud de “espera” pues el Señor está cerca.

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I Domingo de Adviento (B) (3 diciembre 2017)

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adviento 1

Significado del Adviento


La palabra latina "adventus" significa “venida”. En el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Jesucristo. La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como una oportunidad para prepararnos en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor.

El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa penitencia.

El tiempo de Adviento es un período privilegiado para los cristianos ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.

- Recordar el pasado:Celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor ya vino y nació en Belén. Esta fue su primera venida.

- Vivir el presente:Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la "presencia de Jesucristo" en nosotros y en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor.

- Preparar el futuro:Se trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la "majestad de su gloria". Entonces vendrá como Señor y como Juez de todas las naciones, y premiará con el Cielo a los que han creído en Él y castigará con el Infierno a los que le hayan rechazado debido a sus malas obras.

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XXXIII Domingo del T.O. (A) (19 noviembre 2017)

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talentos

Parábola de los Talentos
(San Mateo 25: 14-30)

Conforme nos vamos acercando al fin del año litúrgico, la Iglesia nos presenta en las lecturas de la Misa los pasajes relacionados con el fin del mundo. En ellos aparecen asociadas ideas como:

El mundo fue creado por Dios y a Él le pertenece. Del mismo modo que lo creó, le pondrá un fin.

Nosotros fuimos creados por Dios, recibimos de Él unos talentos, y tendremos que dar cuenta de qué es lo que hemos hecho con ellos durante nuestra existencia en la tierra. Según ello, recibiremos premio o castigo. Aquellos que guardaron los talentos que recibieron de Dios y se dedicaron a vivir su vida también serán juzgados; pero por no haber dado fruto serán condenados al fuego eterno. En cambio aquellos que hicieron producir los talentos recibidos por Dios serán premiados para toda la eternidad.

A través de estos pasajes vemos claramente que la existencia del hombre sobre la tierra no se puede separar de Dios. El hombre fue creado por Dios para darle gloria, amar a Dios y ser amado por Él.

La vida del hombre no tiene sentido si se le separa de Dios. El hombre dispone de todos sus años en la tierra para comprender esta realidad y vivirla. Al final de sus días será premiado o castigado según haya actuado.

Frente a estas enseñanzas vemos el modo de pensar y proceder de la sociedad actual. Una sociedad que ha dado la espalda a Dios en sus creencias, leyes, costumbres… El fin de la misma no puede ser bueno,  a no ser que cambie y vuelva a Dios.

Nosotros no podemos hacer mucho para cambiar la sociedad, pero sí podemos cambiar nosotros mismos. Al fin y al cabo, lo que Dios juzgará no será la sociedad sino a las personas. Serán las personas las que recibirán premio o castigo.

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XXXII Domingo del T.O. (A) (12 noviembre 2017)

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diez virgenes

Parábola de la diez vírgenes
Mt 25: 1-13

“Entonces el Reino de los Cielos será como diez vírgenes, que tomaron sus lámparas y salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco prudentes; pero las necias, al tomar sus lámparas, no llevaron consigo aceite; las prudentes, en cambio, junto con las lámparas llevaron aceite en sus alcuzas. Como tardaba en venir el esposo, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: «¡Ya está aquí el esposo! ¡Salid a su encuentro! Entonces se levantaron todas aquellas vírgenes y aderezaron sus lámparas. Y las necias les dijeron a las prudentes: Dadnos aceite del vuestro porque nuestras lámparas se apagan. Pero las prudentes les respondieron: «Mejor es que vayáis a quienes lo venden y compréis, no sea que no alcance para vosotras y nosotras. Mientras fueron a comprarlo vino el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas y se cerró la puerta. Luego llegaron las otras vírgenes diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Pero él les respondió: En verdad os digo que no os conozco. írPor eso: velad, porque no sabéis el día ni la hora”.

La parábola de las diez vírgenes es una de las parábolas de los evangelios que nos hablan de la actitud de preparación y espera que ha de tener el cristiano ante la llegada de Cristo. Esa llegada de Cristo se identifica para cada uno con el momento de su muerte; es por ello que, dado que no conocemos cuándo vamos a morir, debemos estar siempre preparados.

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