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Domingo XXI del T.O. (C) (21 agosto 2016)

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infierno

El pequeño número de los que se salvan

(Lc 13: 22-30)

  • Puede bajarse este artículo en formato pdf para imprimirlo y leerlo despacio: El pequeño número de los que se salvan.pdf
  • (Nota: La lectura de este artículo le cuestionará seriamente su vida espiritual y le ayudará, como a mi me ayudó, a realizar una auténtica conversión).

Por San Leonardo de Puerto Mauricio

San Leonardo de Puerto Mauricio fue un fraile franciscano muy santo que vivió en el monasterio de San Buenaventura en Roma. Él fue uno de los más grandes misioneros en la historia de la Iglesia. Solía predicar a miles de personas en las plazas de cada ciudad y pueblo donde las iglesias no podían albergar a sus oyentes. Tan brillante y santa era su elocuencia que una vez cuando realizó una misión de dos semanas en Roma, el Papa y el Colegio de Cardenales fueron a oírle. La Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen, la adoración del Santísimo Sacramento y la veneración del Sagrado Corazón de Jesús fueron sus cruzadas. No fue en pequeña medida responsable de la definición de la Inmaculada Concepción hecha poco más de cien años después de su muerte. También nos dio las Alabanzas Divinas, que se dicen al final de la Bendición. Pero el trabajo más famoso de San Leonardo fue su devoción a las Estaciones de la Cruz. Tuvo una muerte santa a sus setenta y cinco años, después de veinticuatro años de predicación sin interrupciones. Uno de los sermones más famosos de San Leonardo de Puerto Mauricio fue “El Pequeño Número de los Que Se Salvan.” Fue en el que se basó para la conversión de grandes pecadores. Este sermón, así como sus otros escritos, fue sometido a examinación canónica durante el proceso de canonización. En él se examinan los diferentes estados de vida de los cristianos, y concluye con el pequeño número de los que se salvan, en relación a la totalidad de los hombres. El lector que medite sobre éste notable texto aprovechará la solidez de su argumentación, la cual le ha valido la aprobación de la Iglesia. Aquí está el vibrante y conmovedor sermón de éste gran misionero.

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Un maravilloso regalo de Dios: La Unción de los Enfermos

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uncionenfermos

El primer regalo y uno de los más importantes que recibimos de Dios es la vida. Sin la vida no podríamos seguir gozando los demás regalos que vendrán después. Regalos como la familia, la filiación divina, la Eucaristía, la Virgen María…, y el útlimo de todos, el cielo.

La vida consta de dos partes: una breve aquí en la tierra, y otra eterna cuando nuestros días en esta tierra hayan acabado. La vida aquí en la tierra tiene un objeto principal: demostrarle a Dios que le amamos a Él y a nuestro prójimo. Si así lo hacemos, el paso a la vida eterna será para gozar junto a Dios, María, los santos y los nuestros que allí se encuentren. Por el contrario, si durante esta vida le damos la espalda a Dios y sólo nos preocupamos de construirnos un gran paraíso terrenal, cuando llegue Dios a pedirnos cuentas encontrará que aquello para lo que Dios nos creó estaba sin hacer, y por lo tanto no nos podrá dar premio, sino castigo. Castigo que será para toda la eternidad.

Son pocas las personas que buscan realmente a Dios en esta vida. La gran mayoría creen en Dios, rezan, asisten a Misa los domingos…, pero se preocupan más de vivir “su vida” y “fabricarse su paraíso” que de amar a Dios sobre todas las cosas. Es por eso que a estas personas tampoco les espera un futuro muy halagüeño, sino más bien todo lo contrario. A no ser que cambien.

Como Dios conocía muy bien al hombre, instituyó dos sacramentos para ayudarnos mientras estamos en este mundo: uno la Confesión. Para arrepentirnos de nuestros pecados, ponernos de nuevo en paz con Dios y darnos una nueva oportunidad de enmendar el camino. Y el otro, la Unción de los Enfermos. Que es la última oportunidad que tenemos para hacer “las paces” con Dios y ser merecedores de ir a su Reino.

Estos dos sacramentos han caído prácticamente en desuso como consecuencia de un engaño del demonio.

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Para una buena confesión

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Según nos dice el Catecismo tradicional para confesarse bien hace falta cumplir cinco requisitos:

1.- Examen de conciencia
2.- Dolor de los pecados
3.- Propósito de enmienda
4.- Decir todos los pecados al confesor
5.- Cumplir la penitencia

Expliquemos brevemente cada uno de los cinco apartados.

1.- Examen de conciencia: Es un análisis que hacemos a la luz de Dios de todos los pecados y faltas que podamos haber cometido desde la última confesión bien hecha. Si acostumbramos a hacer un breve examen de conciencia todas las noches, cuando llegue el momento de la confesión nos será mucho más fácil, pues ya sabremos los pecados que tenemos que confesar.

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Cuentos con moraleja: "No siempre estarán con nosotros"

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manos

La misión principal de los abuelos es la de proporcionar serenidad y paz a todos los miembros de la familia. Más que mandar, ahora les toca consolar. En lugar de reprender o castigar, les toca alentar y animar.

Desde la experiencia que dan los años, pueden curar heridas, calmar borrascas, suavizar roces… También a ellos les compete repartir comprensión, escuchar quejas, limar asperezas, ser la retaguardia de la casa, el consejo oportuno,  ser el observador sereno y equilibrado en los hogares de sus hijos. A ellos también les compete prestar ayuda a la familia, suplir a sus hijos en situación de emergencia… Y no digamos en el terreno espiritual. Los abuelos son en la mayoría de los casos, un recordatorio para los más jóvenes de la casa de que Dios existe, un estímulo para su fe y un ejemplo de vida virtuosa y santa. 

Los mayores no son un objeto decorativo, vetusto, y en ocasiones molesto, que presentamos a nuestros amigos cuando vienen a visitarnos a casa; o lo que es peor, que ocultamos cuando llegan para que así no molesten.

Hace unos años me contaron una historia que tiene un sencillo e importante mensaje para todos aquellos que disfrutáis todavía de la presencia de los abuelos.

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