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1er Domingo de Cuaresma (B) (22 febrero 2015)

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tentaciones 

Este miércoles pasado comenzábamos la Cuaresma con la celebración del Miércoles de Ceniza. Una celebración que nos recordaba la frugalidad de esta vida, la necesidad de estar en un permanente estado de conversión y la obligación de estar siempre preparados para entregar cuentas a Dios: “Recuerda que eres polvo y en polvo te has de convertir”

El Evangelio de este domingo anuncia como de pasada las tentaciones que Jesús sufrió en el desierto cuando, llevado por el Espíritu, estuvo durante cuarenta días haciendo ayuno y oración. Cuarenta días de preparación –como nuestra Cuaresma- para su misión pública, pasión y muerte en la cruz.

Y acabado ese corto relato de las tentaciones de Jesús, el evangelio nos recuerda la necesidad que tenemos todos de arrepentirnos, convertirnos y creer en la Buena Nueva. Este mensaje parece que cae en saco roto entre los católicos de hoy día. La mayoría de los católicos están pensando más en los carnavales que en su propia conversión y arrepentimiento. Y es que este mundo en el que vivimos, y que está controlado y dirigido por fuerzas diabólicas, nos ha puesto una venda ante nuestros ojos para que no nos demos cuenta del estado de nuestra alma y nos arrepintamos y sigamos a Cristo.

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A Jorgito no le va bien la Cuaresma

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cuaresmajorgito

La Cuaresma de Jorgito no marchaba bien. Nuestro protagonista (que es pequeño, pero no tonto) se dio cuenta de que algo fallaba. Cada día que pasaba se notaba más frio, con mayor dureza de corazón; estaba irascible y distraído. Por si fuera poco, su gran Amigo, Jesús, no se le aparecía en la oración de las noches, y aunque lo buscaba, terminaba durmiéndose en la soledad oscura de su dormitorio. Jorgito andaba preocupado.

Llevaba así desde Miércoles de Ceniza. Ese día, acudió a Misa junto a su familia; como todos los años. Pero, en esta ocasión, se percató de la actitud del resto de feligreses, y en especial, de los niños de catequesis. Obligado por don Antonio a “ponerse las cenizas”, la Santa Misa se convirtió en un vaivén de niños lectores, de risas burlonas ante los atragantos de lectura, y de padres aburridos ojeando el reloj sin pudor alguno, a la espera de que llegara el socorrido “Podéis ir en paz”.

Jorgito se entristeció mucho. Tanto que durante la ruidosa Consagración, prometió al Señor regalarle una buena Cuaresma. “Haré muchas penitencias, Señor. No haré como mis compañeros de catequesis que viven ajenos a ti”. Por eso, esa noche, se dedicó a preparar un plan cuaresmal. Uno en toda regla. Incluyó oración, limosna, ayuno y penitencia. Cuando terminó lo contempló orgulloso. ¡Tenía de todo! El problema es que acabó tan cansado, que se olvidó de despedirse del Señor. Cayó rendido en la almohada.

A la mañana siguiente, comenzó su plan con ilusión. Se levantó temprano sin remolonear en la cama (algo que le costaba mucho), rezó las oraciones de la mañana, desayunó a toda prisa (evitando las galletas de chocolate que tanto apreciaba) y luchó titánicamente por no quejarse cuando su madre le inundó (como todos los días) la cabeza de colonia para peinarlo. “¡Mamá podía resultar a veces muy pesada!”, se dijo molesto.

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Guía para el rezo del Vía Crucis

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viacrucis C

Todos los viernes de Cuaresma se rezará el Vía Crucis en esta Iglesia 45 minutos antes de cada Misa.

Si desea rezar el Vía Crucis durante esta Cuaresma, aquí tiene dos formatos: uno sencillo y otro más completo. Se los puede bajar en estos links.

He aquí unas líneas  sobre la identidad, historia y fórmulas de esta hermosísima oración cristiana, que actualmente presenta dos grandes modelos de enunciados y de recorridos: el Vía Crucis tradicional o clásico y el Vía Crucis creado por el Papa Juan Pablo II en el año 1991.

Concepto, descripción, historia

El Vía Crucis es quizás la más bella y antigua devoción, que ha brotado del pueblo santo de Dios en su afán de reproducir los misterios de la pasión y muerte de Jesucristo.

Es hacer memoria del camino de la cruz -la palabra latina “vía crucis” se traduce por la española “camino de la cruz”- de Jesucristo. Es acompañar al Señor en las intensas horas del dolor y del amor más grandes. Es compartir y completar en nosotros lo que le falta a la pasión del Salvador.

Orígenes

El cristianismo recibe carta de libertad y de ciudadanía en el imperio romano a partir del edicto de Milán del emperador Constantino en el año 313. A la madre de éste, Santa Helena, se le atribuye el hallazgo de la verdadera cruz del Señor, en Jerusalén. A partir del siglo IV comienzan las peregrinaciones a Tierra Santa y particularmente a la ciudad santa de Jerusalén. Los peregrinos al llegar a Jerusalén se encontraban con la piadosa tradición que identifica y reconoce a determinados lugares de esta ciudad con los acontecimientos más importantes de la pasión de Cristo y el recorrido que El mismo realizó hasta llegar a la Cruz y que, por consiguiente, los peregrinos querían también recorrer en actitud de oración y de veneración.

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La Confesión Frecuente

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PREGUNTA: ¿Por qué los santos nos hablan continuamente de la necesidad de la confesión frecuente?

RESPUESTA: Para los santos era muy importante permanecer siempre en estado de gracia; es decir unidos a Cristo. Si nos hemos separado de Él como consecuencia del pecado, ha de ser nuestro deseo recuperar cuanto antes el estado de gracia, de amistad con Dios. De ahí la necesidad de confesarse cuantos antes. No tiene sentido alguno querer ser amigo de Cristo y estar separado de Él a causa del pecado.

PREGUNTA: ¿Con qué frecuencia hay que confesarse?

RESPUESTA: La Iglesia manda confesar los pecados mortales al menos una vez al año, en peligro de muerte o si se ha de comulgar. Pero conviene confesarse cuanto antes si uno se encuentra en pecado mortal. No tiene sentido alguno vivir en pecado y separado de Dios. Si uno muriera en pecado mortal se iría directamente al infierno.

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Para una buena confesión

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Según nos dice el Catecismo tradicional para confesarse bien hace falta cumplir cinco requisitos:

1.- Examen de conciencia
2.- Dolor de los pecados
3.- Propósito de enmienda
4.- Decir todos los pecados al confesor
5.- Cumplir la penitencia

Expliquemos brevemente cada uno de los cinco apartados.

1.- Examen de conciencia: Es un análisis que hacemos a la luz de Dios de todos los pecados y faltas que podamos haber cometido desde la última confesión bien hecha. Si acostumbramos a hacer un breve examen de conciencia todas las noches, cuando llegue el momento de la confesión nos será mucho más fácil, pues ya sabremos los pecados que tenemos que confesar.

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