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Solemnidad del Corpus Christi (18 junio 2017)

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Corpus-Christi Copiar
«Mi carne es verdadera comida,
y mi Sangre verdadera bebida;
el que come mi Carne, y bebe mi Sangre,
en Mí mora, y Yo en él.» 
(Jn 6, 56-57)

Esta fiesta se comenzó a celebrar en Lieja en 1246, siendo extendida a toda la Iglesia occidental por el Papa Urbano IV en 1264, teniendo como finalidad proclamar la fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Presencia permanente y substancial más allá de la celebración de la Misa y que es digna de ser adorada en la exposición solemne y en las procesiones con el Santísimo Sacramento que entonces comenzaron a celebrarse y que han llegado a ser verdaderos monumentos de la piedad católica. Este es el día de la Eucaristía en sí misma, ocasión para creer y adorar, pero también para conocer mejor la riqueza de este misterio a partir de las oraciones y de los textos bíblicos.

 El Espíritu Santo después del dogma de la Trinidad nos recuerda el de la Encarnación, haciéndonos festejar con la Iglesia al Sacramento por excelencia, que, sintetizando la vida toda del Salvador, tributa a Dios gloria infinita, y aplica a las almas, en todos los tiempos, los frutos  extraordinarios de la Redención.  Si Jesucristo en la cruz nos salvó, al instituir la Eucaristía la víspera de su muerte, quiso en ella dejarnos un vivo recuerdo de la Pasión. El altar viene siendo como la prolongación del Calvario, y la misa anuncia la muerte del Señor. Porque en efecto, allí está Jesús como víctima, pues las palabras de la doble consagración nos dicen que primero se convierte el pan en Cuerpo de Cristo, y luego el vino en Su Sangre, de manera que, ofrece a su Padre, en unión con sus sacerdotes, la sangre vertida y el cuerpo clavado en la Cruz.

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Cuentos con moraleja: "De cómo Dios elige y da una vocación"

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cu clay cup

Un mesonero buscaba una vasija para un estimado cliente.

-Elígeme a mí -grita una copa dorada-. Brillo y estoy reluciente. Mi belleza y lustre superan a los de todas los demás. ¡El oro es lo mejor!

El mesonero siguió inspeccionando sin decir una sola palabra.

 Se quedó mirando una copa plateada de silueta curvilínea y alta:

-Estaré en tu mesa siempre que te sientes a comer. Mi diseño es elegante. Además, la plata viste mucho.

Sin prestar mayor atención a lo que oía, el mesonero puso sus ojos en una copa de bronce. Estaba pulida, y además era amplia y poco profunda:

-¡Fíjate, fíjate! -gritaba la copa-; sé que te serviré. Colócame sobre la mesa para que todos me vean. -¡Mírame! -suplicó la copa de cristal-. No oculto nada, soy transparente y clara como el agua de un manantial. Aunque soy frágil estoy segura de que te haré feliz.

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"¡Creo en Dios, pero no en los curas!"

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cura

¡Cuántas veces hemos escuchado esta frase u otras similares! ¿Hasta qué punto la persona que la dice queda exculpada por ese modo de pensar? ¿Cómo tenemos que actuar cuando un familiar o amigo la profiere?

En este breve artículo intentaré profundizar en el significado de esta expresión y proporcionarles una respuesta, para cuando algún familiar o amigo la pronuncie.

Hace tan solo unos días fui a un supermercado a hacer unas compras. Una vez que acabé, me dirigí a una de las cajas y busqué qué cola era más corta para realizar el pago. Delante de mí había una señora joven con un niño de siete u ocho meses en un carrito. Mientras que esta señora esperaba su turno para pagar, estaba hablando por teléfono con alguien. Por lo visto, desde el otro lado del teléfono le estaban recomendando bautizar al niño que llevaba en el carrito. La buena señora a todo respondía que no. Ya, casi al final de la conversación le oigo decir un tanto enfadada:

- ¡No insistas! ¡Creo en Dios, pero no en los curas!

A mí me llamó la atención esta frase por la aspereza y convicción que mostraban, pero dado que no conocía a la persona, y no era el lugar ni el momento para mantener una conversación al respecto, me callé.

¡Cuántas veces habremos oído frases parecidas a esa! ¿Hasta qué punto se puede uno sentir justificado de pensar así?

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