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Solemnidad de Cristo Rey (23 noviembre 2014)

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La celebración de la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, cierra el Año Litúrgico en el que se ha meditado sobre todo el misterio de su vida, su predicación y el anuncio del Reino de Dios.

La fiesta de Cristo Rey fue instaurada por el Papa Pío XI el 11 de diciembre de 1925. El Papa quiso motivar a los católicos a reconocer en público que el mandatario de la Iglesia es Cristo Rey.

Durante el anuncio del Reino, Jesús nos muestra lo que éste significa para nosotros como Salvación, Revelación y Reconciliación ante la mentira mortal del pecado que existe en el mundo. Jesús responde a Pilatos cuando le pregunta si en verdad Él es el Rey de los judíos: "Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí" (Jn 18, 36). Jesús no es el Rey de un mundo de miedo, mentira y pecado, Él es el Rey del Reino de Dios que trae y al que nos conduce.

Cristo Rey anuncia la Verdad y esa Verdad es la luz que ilumina el camino amoroso que Él ha trazado, con su Vía Crucis, hacia el Reino de Dios. "Si, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz."(Jn 18, 37) Jesús nos revela su misión reconciliadora de anunciar la verdad ante el engaño del pecado. Así como el demonio tentó a Eva con engaños y mentiras para que fuera desterrada, ahora Dios mismo se hace hombre y devuelve a la humanidad la posibilidad de regresar al Reino, cuando cual cordero se sacrifica amorosamente en la cruz.

Esta fiesta celebra a Cristo como el Rey bondadoso y sencillo, que como pastor guía a su Iglesia peregrina hacia el Reino Celestial y le otorga la comunión con este Reino para que pueda transformar el mundo en el cual peregrina.

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Un maravilloso regalo de Dios: La Unción de los Enfermos

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El primer regalo y uno de los más importantes que recibimos de Dios es la vida. Sin la vida no podríamos seguir gozando los demás regalos que vendrán después. Regalos como la familia, la filiación divina, la Eucaristía, la Virgen María…, y el útlimo de todos, el cielo.

La vida consta de dos partes: una breve aquí en la tierra, y otra eterna cuando nuestros días en esta tierra hayan acabado. La vida aquí en la tierra tiene un objeto principal: demostrarle a Dios que le amamos a Él y a nuestro prójimo. Si así lo hacemos, el paso a la vida eterna será para gozar junto a Dios, María, los santos y los nuestros que allí se encuentren. Por el contrario, si durante esta vida le damos la espalda a Dios y sólo nos preocupamos de construirnos un gran paraíso terrenal, cuando llegue Dios a pedirnos cuentas encontrará que aquello para lo que Dios nos creó estaba sin hacer, y por lo tanto no nos podrá dar premio, sino castigo. Castigo que será para toda la eternidad.

Son pocas las personas que buscan realmente a Dios en esta vida. La gran mayoría creen en Dios, rezan, asisten a Misa los domingos…, pero se preocupan más de vivir “su vida” y “fabricarse su paraíso” que de amar a Dios sobre todas las cosas. Es por eso que a estas personas tampoco les espera un futuro muy halagüeño, sino más bien todo lo contrario. A no ser que cambien.

Como Dios conocía muy bien al hombre, instituyó dos sacramentos para ayudarnos mientras estamos en este mundo: uno la Confesión. Para arrepentirnos de nuestros pecados, ponernos de nuevo en paz con Dios y darnos una nueva oportunidad de enmendar el camino. Y el otro, la Unción de los Enfermos. Que es la última oportunidad que tenemos para hacer “las paces” con Dios y ser merecedores de ir a su Reino.

Estos dos sacramentos han caído prácticamente en desuso como consecuencia de un engaño del demonio.

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¿Qué es orar?

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PREGUNTA: ¿Qué es orar?
RESPUESTA: Orar es hablar con Dios. La oración es un diálogo eminentemente sobrenatural por el cual el hombre, con la ayuda del Espíritu Santo (Rom 8:26), habla con Dios. El P. Alfonso Gálvez la define de un modo muy sencillo y preciso: "La oración surge de la necesidad que Dios ha querido sentir de hablar con nosotros y de la que nosotros sentimos de hablar con Dios". "La oración es la prolongación "ad extra" en el hombre del diálogo intratrinitario". "Dios quiere hablar con nosotros porque nos ama. Pues bien, la oración es la respuesta del hombre a esa invitación al diálogo".

PREGUNTA: ¿Qué diferencia existe entre la oración cristiana y la oración de los orientales (budistas...)?
RESPUESTA: La oración cristiana es eminentemente sobrenatural. La oración oriental es puramente psicológica.

PREGUNTA: ¿Cuántos tipos de oración existen?
RESPUESTA: Depende del modo como la clasifiquemos. Según el contenido, podemos hablar de oración de petición y súplica, de acción de gracias... Si la clasificamos según el modo, puede ser vocal o mental. Y dentro de la oración mental la podemos dividir en meditación y contemplación.

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Un minuto para pensar

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hombre-pensando

¿Cuánto tiempo y esfuerzos necesita un niño para obtener el graduado escolar?

¿Cuánto tiempo y esfuerzos necesita un joven para obtener un título universitario para ejercer una profesión durante 35 o 40 años?

¿Cuánto tiempo y esfuerzos necesita un hombre para conseguir el dinero suficiente para comprar una casa que gozará unos 50 o 60 años?

¿Acaso crees que con los dos minutos al día que dedicas a rezar, y la media hora de la Misa a la semana, vas a tener “crédito” suficiente para "comprar" una plaza en el cielo que te va a durar para siempre?

Y si no haces ni eso, ¿crees acaso que Dios te considerará un buen hijo suyo y que merecerás el premio eterno del cielo?

¡Piensa! ¡Todavía estás a tiempo de realizar la elección adecuada! Habrá un día en el que la suerte ya estará echada. Pero todavía tienes tiempo de convertirte, acercarte a Dios y tomar el buen camino. Si lo haces, descubrirás que el minuto que “has perdido” leyendo esto valió la pena.

Nunca podremos recibir un premio tan grande por un esfuerzo proporcionalmente tan pequeño. Yo pediré por ti para que Dios y mis oraciones siempre te acompañen en tu camino.

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