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Solemnidad de Pentecostés (B) (24 mayo 2015)

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Pentecostes52

Jn 20: 19-23

“Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.» Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.» Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»”

Celebramos hoy la Solemnidad de Pentecostés.

Cincuenta días después de la Resurrección de Jesucristo, y diez días después de su Ascensión, Jesús, como había prometido, nos mandó su Espíritu para que se hiciera realidad en nosotros la nueva vida que Él nos había conseguido a través de su muerte y resurrección

En aquel tiempo fueron los apóstoles y la Virgen María quienes, reunidos en el Cenáculo, recibieron el Espíritu Santo.  Ahora, somos nosotros quienes le recibimos a través de los sacramentos.

Con el Espíritu Santo recibimos una nueva vida, la vida sobrenatural, que nos hace hijos de Dios por adopción, receptores de sus dones y frutos (Gal 5:22-23). El Espíritu Santo es para nuestras almas lo que el corazón es para nuestro cuerpo. Sin corazón no podemos vivir; pues sin el Espíritu Santo en nosotros estamos “espiritualmente muertos”. Por la gracia santificante que nos da el Espíritu somos hechos hijos de Dios; y como hijos, herederos del premio eterno del cielo.

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Cuentos con moraleja: "El agua que quería ser fuego"

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agua 

Cuentos con moraleja: “El agua que quería ser fuego”

Cuando en el infinito amor de Dios cada uno de los hombres fue creado, fue dotado de una serie de talentos, talentos que Dios quiso especialmente para cada uno y que nosotros hemos de hacerlos crecer.

Una de las cosas que más nos cuesta aprender en esta vida es reconocer las facultades que Dios nos dio. Con mucha frecuencia tenemos envidia porque fulanito recibió más talentos que yo, o porque tiene aptitudes que a mí me gustaría tener; y no sabemos que cada uno de nosotros es el resultado del amor personal de Dios, y si así nos quiso es porque era lo mejor para nosotros. Con mucha frecuencia el hombre tarda años en ser consciente de ello; es más, hay personas que nunca se dan cuenta o no terminan de aceptarlos. No hemos de tener envidia de los demás y de sus talentos, estemos contentos con los nuestros y esforcémonos en hacerlos crecer. Precisamente en el éxito de cumplir esta misión estará nuestra felicidad aquí en la tierra y luego, el regalo eterno del cielo (Mt 25: 14-30).

Yo recuerdo cuánto me costó aceptarme como Dios me había hecho. Me habría gustado ser un poco más listo, más honesto, más alto, más guapo... Con frecuencia intenté presentar una imagen ante los demás aparentando unos dones que no tenía; en cambio me avergonzaba, o al menos no sacaba provecho de los regalos que Dios me había dado. Tuvo que pasar mucho tiempo, hasta que la edad, los tropezones, y sobre todo la gracia de Dios, me ayudaron a conocerme como era, aprovechar mis dones, aprender a estar en mi sitio –que es el que Dios quería-, y aceptarme sin pretender ser otro.

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Este hombre está loco

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0524 maria auxiliadora

San Juan Bosco necesitaba construir una Iglesia en honor de María Auxiliadora, pero no tenía nada de dinero. Se lanzó, pero las deudas también se lanzaron sobre él. Para conseguir dinero en un momento en que no podía retrasar más los pagos, un día le dijo a la Virgen:

- ¡Madre mía! Yo he hecho tantas veces lo que tú me has pedido... ¿Consentirás en hacer hoy lo que yo te voy a pedir?

Con la sensación de que la Virgen se ha puesto en sus manos, don Bosco penetra en el palacio de un enfermo que tenía bastante dinero pero que también era bastante tacaño. Este enfermo, que hace tres años vive crucificado por los dolores y no podía siquiera moverse de la cama, al ver a don Bosco le dijo:

- Si yo pudiera sentirme aliviado, haría algo por usted.

- Muchas gracias; su deseo llega en el momento oportuno; necesito precisamente ahora tres mil liras.

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